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Investigación y Postgrado

versión impresa ISSN 1316-0087

Investigación y Postgrado v.24 n.2 Caracas ago. 2009

 

Hermenéutica: La roca que rompe el espejo

Martha Ruedas Marrero*,  María Magdalena Ríos Cabrera**, Freddy Nieves***

mjrm5220@yahoo.com

mariamagda@cantv.net

(UPEL-IPMAR) frenieves@yahoo.com

* Martha Ruedas Marrero. Profesora de Química egresada de la UPEL-Maracay (UPEL-IPMAR). Magíster en Ciencia de los Alimentos y Nutrición de la Universidad Simón Bolívar. Docente PPI. Miembro Titular del Dpto. de Biología de la UPEL Maracay. Coordinadora de la línea de investigación Tecnología en Educación y calidad de vida. Miembro del Núcleo de Investigación con fines Educativos NIAFE.

** María Magdalena Ríos Cabrera. Profesora de Ciencias de la Tierra. MSc en Ciencia del Suelo (UCV). Doctoranda en Educación UPEL-IPMAR. Reconocida por el Programa de Promoción del Investigador. Coordinadora Núcleo de Investigación Ambiental con Fines Educativos (NIAFE).

*** Freddy Nieves. Docente del Dpto. de Historia y Geografía de la UPEL Maracay; miembro del equipo de docentes del Doctorado de la UPEL. Tutor de diversos trabajos de grado a nivel de Maestría y Doctorado en la UPEL, UNEFA y UNERG. Coordinador de actividades de investigación y extensión universitaria.

RESUMEN

Teleológicamente la hermenéutica ha experimentado variaciones a través de la historia. En la actualidad, constituye un arte reconocido en los procesos de investigación cualitativa cuyo basamento se encuentra en el paradigma interpretativo. En este caso, se plantea como una postura epistémicometodológica, donde se destaca su versatilidad, dada la posibilidad de interpretar y comprender la realidad en sus diversas manifestaciones. El presente trabajo tuvo como propósito caracterizar la hermenéutica a través de un recorrido epistemológico en el que, en diferentes oportunidades, se deja entrever sus múltiples ámbitos de aplicaciones, hasta resultar en una reflexión en el campo educativo.

Palabras clave: hermenéutica; epistemología; educación.

Hermeneutics: The stone that brakes the mirror

ABSTRACT

Teleologically, the hermeneutics has experimented variations through history. Nowadays, it constitutes a well-known art in the processes of qualitative research based on the interpretative paradigm. In our case, it is considered as an epistemic-methodological perspective, emphasizing on its versatility, giving a possibility to interpret and comprehend reality in its several manifestations. This work had as a purpose to characterize hermeneutics through an epistemological route in which, in different opportunities, allows to watch its multiple fi elds of application, resulting in a refl ection on the educational ground.

Keywords: hermeneutics; epistemology; education

Herméneutique: La roche qui brise le miroir

RÉSUMÉ

Téléologiquement l’herméneutique a subi des variations à travers l’histoire. Dans l’actualité, elle constitue un art reconnu dans les processus de recherche qualitative dont les bases se trouvent dans le paradigme interprétatif. Dans le cas qui nous occupe, on la montre à partir d’une position épistémiqueméthodologique, où l’on remarque sa versatilité ; car avec elle, on possède la possibilité d’interpréter et comprendre la réalité dans ses différentes manifestations. Ce travail a eu comme but celui de caractériser l’herméneutique à travers d’un parcours épistémologique, dans lequel, et à plusieurs reprises, l’on a pu entrevoir ces multiples champs d’action ; jusqu’à ce qu’elle en résulta une réfl exion dans le domaine éducatif.

Mots clé: herméneutique; épistémologie; éducation.

Recibido: 23/01/08 Aprobado: 25/04/08

Introducción

Los estudios orientados hacia las ciencias tratan de explicar y controlar las leyes del mundo físico a través de procesos rígidos, repetibles, objetivos, comúnmente denominados métodos cuantitativos, los cuales se fundamentan en una filosofía positivista. Por su parte, al estudiar comportamientos, actitudes y diversas situaciones que involucran al ser humano y a la complejidad de la sociedad se requieren procedimientos libres, no estructurados y más bien sistematizados con características cualitativas.

Hermenéutica proviene de la expresión griega hermeneúcin que significa el arte de interpretar. De acuerdo con Martínez y Ríos (2006), desde la óptica del acceso al conocimiento, la hermenéutica sostiene la no existencia de un saber objetivo, transparente y desinteresado sobre el mundo. Tampoco el ser humano es un espectador imparcial de los fenómenos, cualquier conocimiento de las cosas viene mediado por una serie de prejuicios y expectativas que orientan y limitan nuestra comprensión.

Se vislumbra así la problemática detectada y razón de ser de la hermenéutica, ante el riesgo de parcialidad y subjetividad al observar las diversas situaciones del entorno. Así, se podría tener una visión errada, mediada por nuestros códigos, y captar la realidad con un efecto “espejo” en donde se reflejarían pensamientos, criterios, creencias, ideas, entre otros, devolviendo la imagen propia y resultando una visión subjetiva. La expresión metafórica: “Hermenéutica: la roca que rompe el espejo”, se presenta como la alternativa para eliminar la interfaz distorsionadora generada sólo por los códigos personales y que se terminarían interponiendo como la roca que rompe el espejo para devolver la imagen de lo que los códigos dejan ver.

En otro orden de ideas, en educación la hermenéutica tiene un papel importante, no sólo en el campo de la investigación educativa, sino en el trabajo diario. Así, según Quiroz (2007) si el docente ha sido formado bajo un enfoque filosófico que incluya la hermenéutica, no tardará en caer en el proceso de interpretación, inclusive en un primer acercamiento al aula. Acto seguido, interpretará el pre-interpretado campo de aquellas formas simbólicas en movimiento, entendidas éstas como ideología, lenguaje y cultura, enriqueciendo el proceso mismo de aprendizaje de todos los actores involucrados. La hipótesis es que estos constructos significativos que posee cada sujeto, los comunica en el aula y deben ser reinterpretados por el docente y los alumnos, para crear un marco hermenéutico de comprensión de la diversidad.

En el siguiente trabajo se presenta una revisión bibliográfica acerca de la Hermenéutica. En el mismo se procura hacer un recorrido por las dimensiones epistemológicas a fin de caracterizar esta corriente filosófica y los aspectos fundamentales del método hermenéutico basado en el paradigma interpretativo.

Hermenéutica: la roca que rompe el espejo

Abordar los elementos ontológicos de algún tema filosófico implica básicamente reconocer de acuerdo con Ferrater (2004) ¿qué estudia?, ¿de qué trata? y ¿cuál es su objeto de estudio? En el caso de la Hermenéutica, Arenas (2007) señala que ésta se presenta como una teoría general de la interpretación y la comprensión. Por su parte, Nava (2007) indica que la Hermenéutica es una técnica, un arte y una filosofía de los métodos cualitativos (o procesos cualitativos), que tiene como característica propia interpretar y comprender para revelar los motivos del comportamiento humano.

Ferrater (op. cit.) infiere que la hermenéutica significa expresión de un pensamiento, pero ya con Platón se extendió su significado a la explicación o interpretación del pensamiento. Señala que el término ha tenido importancia en la filosofía por obra de Wilhelm Dilthey (1833-1911), para quien la hermenéutica, además de una técnica, es un método que trata de desligarse de la arbitrariedad interpretativa romántica y de la reducción naturalista para hacer de la interpretación histórica la base en que se fundamenta la validez universal. Es pues una exégesis basada en un conocimiento previo de la realidad que se trata de comprender, pero que a su vez da sentido a los citados datos por medio de un proceso circular. Señala Fuentes (2002) que la base ontológica de la Hermenéutica la constituyen las realidades múltiples y depende de la construcción de las personas individuales y compartidas.

Luego, la hermenéutica posee una naturaleza profundamente humana, puesto que es al ser humano a quien le toca interpretar, analizar o comprender el significado de pensamientos, acciones, gestos y palabras, entre otras formas de manifestaciones, dada su naturaleza racional. Sin embargo, en este punto cabría plantearse, si el objeto de la hermenéutica sólo se dirige hacia las proyecciones humanas o es extensible a la interpretación y comprensión de los motivos del comportamiento del resto de los elementos bióticos y abióticos que nos rodean. Así, por ejemplo, sería una praxis hermenéutica interpretar el porqué del comportamiento de nuestras mascotas, o del estado del tiempo, o por qué hay menos vehículos en la vía los días jueves y seguiríamos enumerando situaciones o hechos susceptibles de analizar y comprender, que en realidad poseen un trasfondo humano. En realidad, observamos e interpretamos nuestro entorno, no sólo en los aspectos relativos al comportamiento humano.

Así, la búsqueda del equilibrio, de la seguridad, la salud, y en general el bienestar individual y colectivo nos induce a ser una especie de “hermeneutas integrales innatos”, donde todo lo que nos rodea, que tenga la particularidad de ser variable “independiente”, ubicándonos positivistamente como una variable “dependiente”, puede ser, en un momento dado, objeto de nuestra interpretación. En tal sentido, se plantea la hermenéutica como una actitud deseable en el perfil de la sociedad, proponiéndose la escuela como una vía franca para promover su desarrollo a partir de las capacidades innatas que sobre hermenéutica poseen los seres humanos. Por su parte, el hermeneuta con una formación científica posee las herramientas necesarias para captar el verdadero sentido, evitar los prejuicios y lograr interpretar y comprender la esencia de la realidad. Desde esta perspectiva, Planella (2005) señala la hermenéutica como:

una forma de estar en el mundo y de como a través de nuestra experiencia leemos (interpretamos) lo que nos pasa, lo que nos rodea, nuestras interacciones con los otros sujetos y si se quiere, los discursos que a través del diálogo estos otros sujetos comparten con nosotros. (p. 5)

Para Mendoza (2003), darle la espalda a la hermenéutica significa establecer la cancelación de la dimensión existencial-histórica de la humanidad y su destino. El objeto de la hermenéutica no es solamente la interpretación por la interpretación, sino es la experiencia de lo ajeno, de lo distinto y la posibilidad del diálogo; esta experiencia atraviesa todos los niveles comunicativos y recupera el sentido original del problema de la interpretación.

Es interesante observar el enfoque de Mendoza (op. cit.) hacia la comprensión en conjunto del grupo social, la humanidad. Esto revela la amplitud de la hermenéutica que permite plantear la interpretación de los motivos de las expresiones humanas no sólo a nivel individual sino del colectivo, considerando la historicidad, presentando así esta disciplina cualitativa, la posibilidad de comprender, partiendo del presente, las manifestaciones humanas en tiempos pasados y quizás inferir situaciones colectivas que podrían generarse a futuro, lo cual le otorga un valor adicional. En la misma sintonía de temporalidad, Pagés (2006) da significado al pasado, lo señala como una referencia y lo relaciona con la tradición cultural y su influencia en la formación en nuestro tiempo. Planella (2005) reseña igualmente la temporalidad, en el marco de la hermenéutica al hacer referencia a:

la presencia del sujeto en la historia… del sujeto pedagógico en la historia… no es posible tomar autoconciencia sin el reconocimiento de la propia historicidad… Desde esta perspectiva el sujeto entra en relación con la historia y lo hace no desde el conocimiento positivista, sino desde la intuición eidética que propone Husserl. (p. 2)

Arenas (2007) cita las ideas de Schleiermacher según las cuales hermenéutica propone que los datos históricos y filológicos sean únicamente el punto de partida de la comprensión y la interpretación, que al reconstruir la génesis del texto se genere una identificación con el autor que exceda el mero entendimiento de textos, y que haya una comprensión del todo. Ferrater (2004) infiere que la hermenéutica permite comprender a un autor mejor de lo que él se comprendía a sí mismo, y a una época histórica mejor de lo que pudieron comprenderla quienes vivieron en ella, dado que la hermenéutica al basarse en la conciencia histórica, le permite llegar al fondo de la vida, pasando de los signos a las vivencias originarias. Es un método general de interpretación del espíritu en todas sus formas, una ciencia con mayor alcance que la misma psicología.

Siguiendo con esta ontología, Planella (2005) reseña que la hermenéutica para Dilthey se trata de una base metodológica para todas las disciplinas centradas en la comprensión del arte, los hechos y escritos del hombre; aclara que Heidegger sitúa la hermenéutica del Dasein como la explicación fenomenológica de la propia existencia humana.

El objetivo de la Hermenéutica -según Schuts citado por Ruiz (2004)-, es llegar a comprender la aceptación de realidades múltiples y el carácter intersubjetivo de lo metodológico. Señala además que estamos en presencia de una nueva hermenéutica entendida como el arte de interpelar, conversar, argumentar, preguntar, contestar, objetar y refutar; desde esta perspectiva, el problema fundamental es la cancelación del discurso unívoco que nos está invadiendo. Para Sandín (2003) la Hermenéutica no se preocupa tanto por la intención del autor, como en el caso de la fenomenología, sino que toma la acción como vía para interpretar el contexto social.

Se comprende entonces la esencia de la hermenéutica, de captar el verdadero sentido, es decir, ver, leer o escuchar la verdad del emisor. Implica también evitar la pérdida de los posibles sentidos en el mensaje, debido a un manejo personalizado del mismo, reduciendo el riesgo de parcializaciones al observar las diversas situaciones del entorno. Así, se podría tener una visión errada, delimitada por códigos personales y captar la realidad con un efecto “espejo”, es decir, como producto del reflejo de pensamientos, criterios, creencias e ideas, entre otros, resultando una visión subjetiva. En tal sentido, se presenta la hermenéutica como una roca que rompe ese espejo, permitiendo eliminar esa interfaz distorsionadora generada por nosotros mismos y que, a menos que se establezca como propósito, se terminaría interponiéndola entre la realidad y la visión del todo, devolviendo la imagen de lo que los códigos personales permiten ver.

Porque la ciencia se había olvidado de lo humano en los seres humanos

Teleológicamente, el porqué y el para qué de la Hermenéutica han experimentado giros de acuerdo con las épocas y los paradigmas predominantes en cada una de ellas. El Paradigma Interpretativo emergió debido a que muchos de los inconvenientes sociales, por su complejidad, no podían ser enfocados desde el positivismo. Surgió como alternativa que propone una interpretación de los hechos humanos y sociales con un proceso participativo en la solución de los problemas (Carr y Kemmis, 1988; Nava, 2007).

Al ser empleada la Hermenéutica para el estudio, interpretación y comprensión de los textos, se está en el campo de la Hermenéutica filológica. Así, de acuerdo con Gutiérrez (1986), ésta fue una de las primeras aplicaciones de esta disciplina, la cual basó su interpretación en la analogía; adquiere función de comprender y se vincula con la interpretación. Señala este autor que en la época alejandrina la Hermenéutica analógica pretendía eliminar los elementos contradictorios para aplicar en la práctica la posibilidad de imputar a un poeta o filósofo los elementos propios de un autor específico.

Siguiendo con Gutiérrez (op. cit.), la modalidad de Hermenéutica teológica se origina como una forma de interpretar la Biblia, a fin de develar lo más profundo de su significado, intentando establecer una interpretación de validez universal empleando una interpretación en base a la conexión real. El mismo autor señala que para Gadamer, en la Hermenéutica teológica, se da una pre-comprensión que dificulta conocer la interpretación correcta. Dicha pre-comprensión parte del principio de que los textos religiosos deben ser entendidos solamente como textos dedicados al problema de Dios, como base de la existencia humana.

Khun (1971) señala la hermenéutica como una metodología que nace del cuestionamiento de los presupuestos positivistas, promotores de la generación de nuevas concepciones en el campo del método, lo cual produce una “ruptura epistemológica” sobre el modelo empírico. La hermenéutica, que surgió de la filosofía humanista, se constituyó en una disciplina autónoma, configurándose con Schleiermacher, en una teoría general de la interpretación, dedicada a la correcta elucidación de un autor y su obra textual, interesada en rescatar la comprensión de los rasgos “internos” del hombre, relegados por el canon positivista.

Según Pérez (2000), la hermenéutica constituye una disciplina de interpretación de textos o material literario o el significado de la acción humana. En este orden de ideas, las condiciones imperantes bajo la filosofía positivista forzaron la búsqueda de nuevos caminos para conocer; se hizo necesario tener una forma de abordar situaciones en su esencia, de manera más abierta, que facilitara la comprensión de la realidad, yendo al rescate de ese Ser de las cosas, que se encuentra vagando por sus propios mundos y que se muestra ajeno, por nuestra incapacidad para aprehenderlo y comprenderlo.

Aunque las ciencias naturales negaban la existencia de la realidad subjetiva, metafísica y psicológica del hombre, por ello no se anulaba, como lo plantea Nava (2007). Así, los procesos hermenéuticos de conducir, comunicar, traducir, interpretar y comprender los mensajes y significados no evidentes de los textos (libros) y contextos (historia, cultura, política, religión, filosofía, sociedad, educación, etc.) del ser humano emergieron con gran resolución y sin importarles la exigencia positivista-cuantitativa de “rigor científico”.

Se observa cómo inicialmente la Hermenéutica posee un valor estético, al tiempo que presenta la utilidad de permitir la identificación de autorías, particularmente de poemas. Posteriormente se consolida un beneficio adicional, al ser empleada para interpretar las escrituras, lo que favoreció el surgimiento de las diferentes corrientes religiosas, producto de variadas interpretaciones. En la actualidad su aplicación trasciende las formas diversas de captar e interpretar las realidades complejas, se presenta fortalecida, generalmente incorporada en el panel multimetodológico de la investigación cualitativa, al tiempo que se propone como una actitud y aptitud a desarrollar desde la etapa escolar.

El propósito de la ciencia social, dentro del paradigma hermenéutico, es revelar el significado de las formas particulares de la vida social mediante la articulación sistemática de las estructuras de significado subjetivo que rigen las maneras de actuar de los individuos. Bajo esta tradición la realidad es un constructo social: la realidad social no es algo que exista y pueda ser conocido con independencia de quien quiera conocerla, esto según Carr y Kemmis (1988).

Por su parte, Gadamer (1993) expresa que la disciplina que se ocupa clásicamente del arte de comprender los textos es la hermenéutica. Para Nicol (1965) alcanzar una racionalidad comunicativa requiere como condición previa el trabajo con la hermenéutica. Franco (2004) acota que se requiere el arte de “saber comprender”. Según Navarrete (1991), no pierde el universo sentido, sino que es el hombre quien pierde la clave del mismo, de su comprensión, quedando sumido en la ignorancia de lo que le rodea, en la ignorancia de su propio destino.

Mendoza (2003) propone la hermenéutica como un ámbito para comprender críticamente el proceso de racionalidad vital; trata entonces de proponer nuevos fundamentos teóricos para analizar las relaciones humanas fincadas en el ejercicio de la razón de vida plena para toda la humanidad.

Ya en esta visión se perciben los valores asociados al ser humano; en este caso, una postura hermenéutica nos permitiría captar los mensajes y en consecuencia las expresiones más sutiles de nuestros semejantes, tal y como los mismos desean transmitirlas, sin atravesar entre ambos el espejo distorsionador de nuestras impresiones. Luego, en lo axiológico se reconoce la existencia y la influencia de los valores en la investigación hermenéutica, los cuales se construyen socialmente.

Según Fuentes (2002) en la modernidad y postmodernidad han predominado diversos paradigmas de investigación, entre ellos el hermenéutico, fundamentado en principios humanistas. En tal sentido, al reconocer en un nivel planetario los rasgos complejos propios de las realidades humanas, se aprecia que éstos son susceptibles de diferentes interpretaciones, que sólo existen en la forma de múltiples construcciones mentales y sociales. De allí que la realidad es múltiple, intangible, holística, es una hipótesis a demostrar; es un constructo social donde se realiza un convenio entre significados.

Epistemológicamente tales realidades son subjetivistas, sin diferenciar entre sujeto y objeto del conocimiento. Ambos se funden en una sola entidad epistemológica que es interpretada como multidimensional y sistémica. Utiliza métodos cualitativos e intersubjetivos como es el caso del hermenéutico.

A principios del siglo XX, la hermenéutica recupera las tradiciones más antiguas y los avances en el campo de la teoría del lenguaje proponiendo una nueva cosmovisión del conocimiento científico que busca romper con el privilegio del paradigma positivista y volver a las preguntas originales de la filosofía y su aplicación al campo de la Historia, la Ética y la Cultura. De acuerdo con Mendoza (2003) la hermenéutica es, más que un método de conocimiento, una situación vital. Sin embargo, para Ricoeur (2002) interpretar es extraer el Ser en el mundo que se halla en el texto con lo cual trasciende la noción del vocablo a otros campos más extensos.

Dimensión histórica de la hermenéutica

El término hermenéutica ha sido muy controvertido, lo que ha llevado a debates en cuanto a la ontología del vocablo. Es por ello que ha transitado por diferentes caminos y se le han dado distintas acepciones. Proviene del verbo griego hermēneuein que significa declarar, anunciar, esclarecer y, por último, traducir. Denota que alguna cosa es vuelta comprensible o llevada a la comprensión. Deriva del nombre del dios griego Hermes, (el mensajero de Zeus), que también se encargaba de transmitir a los hombres los mensajes y órdenes divinas para que éstas fueran tanto comprendidas como convenientemente acatadas. Tal como lo afirma Palmer (citado por Planella 2005), “los griegos atribuyeron a Hermes el descubrimiento del lenguaje y la escritura, herramientas que la inteligencia humana utiliza para captar el significado y transferirlo a otros” (p. 4).

Por su parte, Ferraris (2005) coincide con Nava (2007) en que la hermenéutica nació con la mitología griega como un ejercicio informativo y comunicativo de Hermes (traer lo nuevo), quien fue designado por los dioses para llevar y traer mensajes, consejos o amonestaciones a los hombres. Sin embargo, esta primera función no mediaba interpretación, sólo transmisión de ideas. Este personaje, según el Diccionario Léxico Hispánico, ejerció la tarea de llevar y traer anuncios entre los hombres y los dioses convirtiéndola en una actividad práctica, en contraposición a un sistema filológico como se entiende en la actualidad. Para Sandin (2003):

el origen del concepto actual puede encontrarse en el siglo XVII en relación a la interpretación bíblica (exégesis) y la necesidad de establecer un conjunto de reglas apropiadas para esta interpretación…incluía no sólo un análisis gramatical, sino también un análisis del contexto histórico de cualquier acontecimiento bíblico. (p. 59)

Por otra parte la escuela de Egipto fundada por Hermes Trismegisto (Navarrete, op. cit.) dejó para la historia el concepto de lo hermético, que connota lo secreto, lo no revelado, lo cerrado. Se toma como el estudio del significado de cualquier símbolo oculto.

Durante el Renacimiento y la Reforma Protestante, la hermenéutica se constituye fundamentalmente en el arte de la interpretación dirigida al esclarecimiento de los textos sagrados, presentándose como uno de los principales investigadores a Mattias Flacius. Así lo narra Mendoza (2003) quien además señala que en la Edad Media los principales focos de atención son los problemas suscitados en la interpretación de la Biblia, lo que generó un cambio en el rumbo de la hermenéutica, ya que la lectura de los clásicos del mundo antiguo fueron muy limitadas, lo anterior como consecuencia de buscar aquellas interpretaciones auténticas que “respetaran” la univocidad del sentido interpretativo, propuesto por la institucionalización de la iglesia católica del Medioevo.

Sandín (2003) reseña que en el siglo XIX la hermenéutica evoluciona de una posición de metodología filosófica a una filosofía del significado de todas las expresiones humanas. Cita autores como Friedrich Ast y Friedrich Schleiermacher, este último con gran influencia sobre Dilthey, quien intentó establecer la hermenéutica como la metodología de las ciencias culturales o morales en contra de las tendencias positivistas, en las cuales el método y la metodología de las ciencias naturales deberían fundamentar el estudio de los fenómenos humanos.

Vives (2000) señala entre los principales representantes de la hermenéutica a Flacius, quien es el primero en oponer la importancia del principio psicológico o técnico a la interpretación y recoge, en un sistema doctrinal coherente, un conjunto de reglas interpretativas. Es además el primero en recurrir al principio de la congruencia de las diversas partes y un todo. De acuerdo con este pensador, es posible comprender las diferentes partes de un todo gracias a su relación con ese todo y las demás partes. Como se observa, es un principio de tipo complejo, donde se reconoce la totalidad. Así, cuando estudiamos en los sistemas vivos algo puntual como, por ejemplo, la glucólisis en el metabolismo de los carbohidratos, podemos comprender realmente la importancia y significado de esta ruta al reconocer su relación con los procesos anteriores y posteriores, considerando al mismo tiempo que su secuencia es única e indispensable en la orquesta metabólica del funcionamiento celular.

Más adelante, Vives (op. cit.) aclara que las deficiencias formales de la sistematización de Flacius fueron corregidas por Baumgarten, quien adiciona el punto de vista etnográfico para la interpretación del Antiguo Testamento. Menciona además a Smeler y Michaelis como filósofos que aplicaron por primera vez una visión histórica del lenguaje reduciendo la ciencia hermenéutica a dos partes: interpretación por el uso del lenguaje y por las circunstancias históricas. Surge en este panorama Schleiermacher, quien dio un importante paso al trasladar el centro de atención desde la cuestión de las reglas de la hermenéutica hasta el análisis del comprender.

En relación con estos elementos históricos vemos cómo la utilidad y el uso que se ha dado a lo largo del tiempo a la hermenéutica han marcado etapas en su evolución, generando diferentes modelos de ésta.

Para Gadamer (citado por Nava 2007), en el siglo XIX la hermenéutica experimenta un impresionante desarrollo como disciplina auxiliar de la Teología y la Filosofía, lo que la convirtió en el fundamento de las ciencias del espíritu. Luego en la época contemporánea, recupera su enfoque filosófico de comprensión del sentido interno de los textos, además de todos los objetos de estudio como el arte, la ciencia, la religión, la filosofía, etc.

Hoy por hoy, la hermenéutica constituye una corriente filosófica con raíces en la fenomenología de Husserl y en el vitalismo nietzscheano. Según Martínez y Ríos (2006) se trata de un enfoque lingüístico, el cual tiene como representante a Gadamer. Sus postulados señalan que el ponerse de acuerdo con el otro es lo más importante; dicho acuerdo se logra a través del lenguaje; éste es el enfoque fundamental de la hermenéutica actual.

El método hermenéutico basado en el paradigma interpretativo

Gadamer (1993) indica que la labor hermenéutica comienza por la «extrañeza» (lo átopo); al leer un texto se encuentra algo que no corresponde a lo que son las cosas o a lo que se piensa que son las cosas. Entonces caben dos posturas: el rechazo o la comprensión hermenéutica.

Para Martínez y Ríos (op. cit.), el principal aporte de Gadamer a la hermenéutica fue su metodología universal y su lógica superior que sobrepasa y comprende los métodos de la ciencia. Igualmente señalan que para este pensador el modo de comprender humano es puramente interpretativo, intuyendo una realidad propia a través de la interpretación de la realidad captada.

De acuerdo con Fuentes (2002) el método hermenéutico se ubica en el paradigma interpretativo, fenomenológico (naturalista), cuya finalidad es vislumbrar e interpretar en el marco de una comprensión mutua y participativa. Su base ontológica la constituyen las realidades múltiples y depende de la construcción de las personas individuales y compartidas. Para Ruiz (2004) el fenomenólogo busca la comprensión por medio de métodos cualitativos, tales como la observación participante y la entrevista en profundidad, entre otros, que generan datos descriptivos: la comprensión en un nivel personal de los motivos y creencias que están detrás de las acciones de la gente. El interés aquí no es sólo contar unidades de conducta, sino concebir empíricamente formas más complejas de vivencias. En este método el investigador manifiesta un estilo empático y comprensivo que se corresponde con un enfoque cualitativo u holístico, el método inductivo, dialéctico e interdisciplinario.

Señala Gadamer (op. cit.) que el lenguaje es el medio mediante el cual se lleva a cabo la experiencia hermenéutica de la comprensión del otro, lo cual constituye a su vez la interpretación. Por su parte, Ricoeur (citado por Gutiérrez, 1986) plantea en el arte hermenéutico una dialéctica que conduzca de la reflexión abstracta a la reflexión concreta y que permita que las partes adversarias se remitan mutuamente, evitando volverse extrínsecas.

En cuanto a la aproximación a la realidad, interesa la representación del mundo experiencial y subjetivo, la generación de significados. En tal sentido, destacan las ideas de la hermenéutica crítica, planteadas por Mendoza (2003) según la cual el intérprete no se interesa sólo en lo que su autor ha querido decir, sino que se interroga sobre la realidad misma, privilegiando el nivel de acceso en el horizonte de compresión de victimación; en este sentido tiene que mostrarse crítico, no sólo con respecto a un autor, sino también en relación con la tradición que modeló su propio espíritu. Subraya que en la hermenéutica crítica se insiste en el esfuerzo trasformador de la temporalidad. Para Paul Ricoeur (citado por Arenas, 2007) no existe un único método de interpretación de los signos lingüísticos, lo que explica el conflicto de las interpretaciones. Afirma que es posible entender la interpretación como manifestación de la sospecha, o bien como restauración plena del sentido. Igualmente Gadamer, citado por Arenas (op. cit.), opina que en el círculo hermenéutico se oculta una positiva posibilidad del conocer más originario, que sólo se aferra de un modo genuino si la interpretación comprende que su tarea primera, permanente y última, consiste en no dejarse imponer nunca pre-disponibilidades, pre-visiones y pre-conocimientos por parte del azar o de las opiniones comunes, sino hacer que emerjan desde las cosas mismas, garantizando así la cientificidad del tema específico.

Schleiermacher (citado por Gutiérrez, 1986) propuso un método de comprensión que tendría presente tanto lo común -por comparación- como lo peculiar -por adivinación-; esto es, podría ser tanto comparativo como adivinatorio. En ambos sentidos seguiría siendo arte, puesto que no podría mecanizarse como aplicación de regla; tal como lo manifiesta Gadamer (Gutiérrez, op. cit.) quien cuestiona el fundamento filosófico de la hermenéutica de Schleirmacher al intentar enseñar, bajo una motivación de teólogo, cómo debe entenderse el hablar y la tradición escrita. Posteriormente, Dilthey, biógrafo de Schleiermacher, retoma la hermenéutica como una forma de comprensión, concepto cuya amplitud contiene la interpretación, sólo que en forma limitada por atender únicamente a la escritura fi jada en los documentos.

Según North (citado por Sánchez, 2001) el método hermenéutico es un instrumento de adquisición de conocimiento dentro de la tradición humanística: se basa en textos. El texto es el objeto y al mismo tiempo el punto de partida y acontecimiento de esta comunidad metodológica porque su preocupación es la relación entre dicho texto y su escritor, su lector, su lenguaje y alguna perspectiva del mundo. Cada crítico enfatizará algunas de estas facetas, que se convertirán en parte de su búsqueda dialéctica del conocimiento. Para Gadamer (1993): “la hermenéutica tiene tres momentos: comprensión, interpretación y aplicación. Estos contribuyen a la comprensión de la hermenéutica más como un saber hacer que requiere de una particular finura del espíritu, que como un método disponible” (p. 378).

Sánchez (2001) reseña que la investigación hermenéutica tiene tres etapas principales y dos niveles. Las etapas son: a) el establecimiento de un conjunto de textos, normalmente llamado “canon”, para interpretarlos; b) la interpretación de esos textos, y c) la generación de teorías sobre los literales a y b.

La primera etapa corresponde al nivel empírico y la segunda y tercera al nivel interpretativo. La investigación suele surgir a partir de un examen de la bibliografía y la identificación de un problema. Así pues, los pasos más relevantes en toda investigación hermenéutica son: a) la identificación de algún problema; b) la etapa empírica que incluye la identificación de textos relevantes y su correspondiente validación; c) la etapa interpretativa en la que se buscan las pautas en los textos. Éstos se explican para generar una interpretación, la relación de la nueva con las existentes (la dialéctica comunal) y la diseminación a un amplio número de lectores.

La etapa interpretativa según Sánchez (op. cit.) es la que los investigadores llaman análisis de datos. No hay límites teóricos sobre el número de rasgos textuales ni de pautas que se pueden investigar. Existe una pluralidad de enfoques hermenéuticos abarcando las teorías miméticas, expresivas, objetivas y pragmáticas -teoría de los esquemas, de la recepción, etc.- todas de mayor o menor aplicación. North (citado por Sánchez, 2001), desde una orientación pragmática, propone tres contextos para dar respuesta a la pregunta de investigación: retórico, intelectual/ético y disciplinar.

Más allá de su carácter interpretativo, en la hermenéutica está presente una inteligencia (o captación) de doble sentido. Se trata de la existencia de dos planos de lectura, uno manifiesto y el otro oculto, por lo que, según Osorio (2002), ésta no apela a la tradición de la especialización, sino a una posición ontológica de la comprensión humana de los fenómenos culturales. Para Mendoza (2003) se está ante la presencia de una nueva hermenéutica como el arte de interpelar, conversar, argumentar, preguntar, contestar, objetar y refutar.

Implicaciones de la hermenéutica en la educación

Hecho el recorrido epistemológico en torno a la hermenéutica, es importante reforzar sus posibles aportes a la sociedad y en particular a la Educación. En tal sentido, se plantea no sólo como una estrategia cualitativa de investigación, sino como rasgo incorporable en la personalidad de los actores del hecho educativo: hermeneutas en su comportamiento y proceder diario. Así, de docentes y estudiantes con tales características se esperarían conductas reflexivas y críticas, de respeto y apoyo mutuo, puesto que esta postura epistemológica les permitiría interpretar las diferentes realidades, tener más posibilidades de comprender mutuamente sus pensamientos, acciones, inquietudes y expectativas; apartándolos de posiciones egocéntricas, egoístas, prepotentes o indiferentes a las realidades múltiples que rodean a los miembros de la comunidad educativa.

La actividad hermenéutica hace posible el proceso de adquisición de saberes y de interpretación, por lo que constituye la base de una personalidad crítica y reflexiva; en consecuencia, otorga al individuo la capacidad de percibir “literalmente” la realidad para poder implementar los cambios que considere necesarios en pro del bienestar individual y colectivo, Para Martínez y Ríos (2006) la hermenéutica pretende recuperar el juicio reflexivo como forma de conocer. Adicionalmente, el giro propuesto de incorporar la hermenéutica en el hecho educativo es en parte justificable al considerar lo expresado por Sandín (2003)… “la larga crisis que ha supuesto el serio cuestionamiento de la autoridad del positivismo como fundamento filosófico y metodológico para la acción y la investigación educativa” (p. 61).

En la educación, la influencia y el poder ejercidos por el paradigma positivista llevó a excluir a todo fenómeno que no encajara ni se expresara en términos racionales y experimentales, lo que ha contribuido a formar sujetos que tienen a esta concepción como única alternativa en la forma de pensar, educar y vivir y en donde lo histórico, contextual y sustantivo de los sucesos quedan rezagados ante la impetuosidad del paradigma de la modernidad. Así, la visión hermenéutica se plantea en el medio educativo con la intención de orientar hacia la formación de “develadores” de un multiverso; en sintonía con Morin (2001): “hay una nueva ceguera ligada al uso degradado de la razón” (p. 27). Para este pensador “ignorancias, cegueras… resulta un modo mutilante de organización del conocimiento incapaz de reconocer y aprehender la complejidad de lo real” (p. 28). Luego, la hermenéutica viene a constituir una invitación para percibir la complejidad desde el punto de vista de los actores, por lo que sería útil para evitar truncar el conocimiento y desfigurar lo real.

Se estaría hablando de mayor calidad humana y profesional, entendiéndose esta última, aludida al docente, en forma integral y referida a su verdadero rol que lo aparta de ser un mero organizador y transmisor de objetivos y lo orienta más a ser un promotor de conductas adecuadas a las necesidades individuales y colectivas, un forjador de jóvenes seguros de sí mismos, críticos, solidarios con sus congéneres con visión ecológica del planeta, capaz de comprender opiniones opuestas y dialogar en forma productiva con destrezas para incorporar nuevos conocimientos y hacer uso adecuado de ellos. Lo acercaría a la investigación de la realidad compleja presente en el aula y a la interpretación de las subjetividades propias de los seres humanos.

En el mismo orden de ideas, la palabra como discurso, como texto, como materia de estudio y aplicación, que pretende poner en práctica un método hermenéutico encaminado a obtener desde la investigación mayor comprensión del objeto de estudio, es de obligatorio reconocimiento al abordar la investigación educativa, ya que según Gadamer (1993):

la Hermenéutica implica la posibilidad de hacerse un ser libre, sólo por el hecho de ser inherente a la condición de ser portadora de la palabra…la facticidad implica la posibilidad de interpretar, detectar relaciones, extraer conclusiones en todas las direcciones, que es lo que contribuye a desenvolverse con conocimiento dentro del terreno de la comprensión de los textos. (p. 326)

El método hermenéutico se encamina a obtener desde la investigación una mayor comprensión de la práctica cotidiana del docente como sujeto que según Gadamer (op. cit.) “es consciente de su pertenencia a una tradición singular y específica…la cual debe ser pensada, examinada, interpretada y comprendida; de ahí que se le impone la necesidad de hacer consciente la historia efectual” (p. 372).

La educación tiene como reto neutralizar la vorágine en que se encuentra, ya que tiene la posibilidad de descifrar, reconocer y comprender la prepotencia implícita en el modelo positivista, cuya finalidad consiste en asegurarse como la verdad única y absoluta, desconociendo y opacando cualquier alternativa discursiva que le haga sombra. El educador hermeneuta con su capacidad simbolizadora comprende las pretensiones unilaterales de este paradigma, lo que le permite identificar la racionalidad que lo caracteriza, así como las consecuencias que devendrán sobre los seres humanos, sobre el mundo y sobre la historia como consecuencia de la implementación de dicho modelo.

En el campo educativo, la reflexión sobre el accionar de la praxis por cada uno de los docentes permitiría descubrir una estructura lógica en el desarrollo de la práctica pedagógica que promueva la comprensión de la red de relaciones dinámicas que la constituyen a fin de tomar decisiones alimentadas en forma de espiral, con base en los resultados obtenidos para estar en concordancia con el círculo hermenéutico.

Por su parte, los estudiantes se verían favorecidos por el contacto con docentes hermeneutas, lo que implicaría esperar esta estrategia metodológica como rasgo en sus conductas habituales, con mayor capacidad de interacción e interpretación del entorno y del grupo social en el cual se desenvuelven. Esta tendencia a interpretar hermenéuticamente los apartaría de conductas indiferentes, del abstraccionismo de lo real, ubicándolos en el aquí y el ahora humanizados, interpretando y comprendiendo al otro, utilizando la hermenéutica para romper el espejo generador del autorreflejo que distorsiona e induce a ver el todo de forma errada, personalizada, indiferente a la realidad e ideas de quienes los rodean. En tal sentido, Ruiz (citado por Vilanou, 2002) opina que “la interacción humana constituye la fuente central de datos… interaccionar a través del diálogo forma parte de las múltiples posibilidades de acercarse a la educación” (p. 2).

También se propicia la inserción del ser humano en la época que le toca vivir, dada su capacidad para discernir y por ser portador de la palabra, lo que le da la posibilidad de visualizar el lugar que ocupa dentro de un determinado paradigma sociocultural para que una vez comprendido y repensado, sea capaz de reinterpretar el discurso.

Martínez (2004) cita a Heidegger quien asegura que “Ser humano es ser interpretativo” (p. 85). Lo anterior puntualiza la condición hermenéutica humana del hecho educativo. Los actores en él involucrados tienen a la interpretación como una herramienta muy útil para desarrollar nuevos saberes o profundizar y mejorar los ya adquiridos, dado que las aproximaciones sucesivas a las diferentes realidades para interpretarlas son las que llevan a la comprensión del entorno en el que nos desenvolvemos. Luego, la hermenéutica sumerge al individuo en el pensamiento complejo; para Morin (2001) “sólo el pensamiento complejo nos permitirá civilizar nuestro conocimiento” (p. 35). Para Martínez (2006):

las acciones humanas pierden el valor que tienen por lo que son en sí, aisladamente, y son vistas e interpretadas por la función que desempeñan en la estructura total de la personalidad. El método hermenéutico…llega a ser, así, el método por excelencia para la comprensión del comportamiento humano. (p. 95)

Derivado de esto, los actores del hecho educativo pudieran desarrollar destrezas de hermeneutas para recorrer el camino y vencer la ceguera hacia lo real; para Morin (op. cit.): “la incapacidad para concebir la complejidad de la realidad antropo-social, en su micro-dimensión (el ser individual) y en su macro-dimensión (el conjunto planetario de la humanidad), ha conducido a infinitas tragedias” (p. 32).

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