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Agroalimentaria

versión impresa ISSN 1316-0354

Agroalim v.12 n.25 Mérida dic. 2007

 

Caracterización socioeconómica y seguridad alimentaria de los hogares productores de alimentos para el autoconsumo, Antioquia-Colombia1

Álvarez Uribe, Martha Cecilia2 , Mancilla López, Lorena Patricia3, Cortés Torres, Johana Elena4

1 Las investigadoras agradecen a la Gobernación de Antioquia, a la Dirección Seccional de Salud de Antioquia, al Plan de Mejoramiento Alimentario y Nutricional de Antioquia -MANA- y a la Universidad de Antioquia por el aporte financiero y logístico para la realización de esta investigación; de igual manera, a los hogares que de manera generosa compartieron con ellas valiosa información.

2 Nutricionista-Dietista; M. Sc. en Desarrollo Social y Educativo; Especialista en Sistemas de Información; Docente de tiempo completo, Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia. Dirección postal: Carrera 40 A Nº 17-188 Torre 1, apartamento 1303, Medellín, Colombia. Teléfono: +00-57-4-309060 / 309160 /309070; e-mail: mcau@pijaos.udea.edu.co

3 Nutricionista-Dietista. Estudiante de la Maestría en Ciencias Ambientales de la Corporación Ambiental de la Universidad de Antioquia. Profesora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia. Dirección postal: Carrera 75 Nº 65-87, Bloque 44, oficina 108. Medellín, Colombia. Teléfono: +00-57-4-2592224; e-mail: loreman@pijaos.udea.edu.co

4 Estudiante del 9º semestre de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia. Dirección postal: Carrera 75 Nº 65-87, Bloque 44, oficina 108. Medellín, Colombia. Teléfono: +00-57-4-2592224; e-mail: johacor@pijaos.udea.edu.co

Resumen

Este estudio tuvo como objetivo describir el contexto socioeconómico y la seguridad alimentaria de los hogares productores de alimentos  para el autoconsumo en Antioquia-Colombia. La muestra se calculó con una confianza del 95% y un error del 3%, a partir de un muestreo aleatorio (con n=973 hogares). Se aplicó una encuesta sociodemográfica, se identificó para la semana anterior a la entrevista la cantidad de alimentos disponibles en el hogar y el aporte de los alimentos procedentes por autoconsumo. Se evaluó la seguridad alimentaria con la escala The Community Childhood Hunger Identification Project Scale, validada por Lorenzana y Mercado en hogares pobres de Caracas. Entre los hallazgos más relevantes cabe destacar que la escolaridad de los progenitores es muy baja y las ocupaciones son inestables y de baja remuneración. El oficio predominante de los jefes de hogar fue el de jornalero agropecuario, una baja proporción de las personas que integran los hogares se ocupan como productores para el autoconsumo, debido al desinterés por el campo y como respuesta a la baja inversión social del Estado. La producción de alimentos para el autoconsumo aunque tiene un aporte importante en la alimentación de los hogares, no incide en su seguridad alimentaria.     

Palabras clave: Autoconsumo de alimentos; Desarrollo rural; Seguridad alimentaria en el hogar, Antioquia, Colombia

Abstract

The objective of this study was to describe the socioeconomic and food security context of homes that produce food for private consumption in Antioquia, Colombia. The sample was calculated with a 95% confidence level and a 3% error, with a random sample (with n=973 homes). A socio-demographic questionnaire was applied for the week before the interview, the amount of disposable food in the home was identified, as well as the contribution of food coming from private consumption. Food security was evaluated with The Community Childhood Hunger Identification Project Scale, validated by Lorenzana and Mercado in poor homes in Caracas. Among the most relevant findings worth mentioning is that parent’s school level is very low and their occupations are unstable with low salaries.  The main job of the head of household was that of agricultural worker; a small portion of the persons that make up the homes work as producers for private consumption due to disinterest in agriculture and as an answer to the low social investment by the State. Food production for private consumption despite having an important food contribution in the home, does not affect food security.

Key Words: private consumption of food, rural development, home food security, Antioquia, Colombia

Résumé

L’objectif de cette étude est de décrire le contexte socio-économique et la sécurité alimentaire des foyers producteurs d’aliments pour l’autoconsommation dans l’état d’Antioquia, Colombie. L’échantillon a été calculé avec un degré de confiance de 95% et une marge d’erreur de 3% (avec n=973 foyers). Pour ce faire, les auteurs ont employé la méthode d’échantillonnage aléatoire. Pour obtenir les données, ont appliqué une enquête sociodémographique. En même temps, pour évaluer la sécurité alimentaire, elles ont identifié, pendant la semaine dont l’enquête a été réalisée, les aliments disponibles au foyer et la partie y correspondant aux aliments obtenus au foyer pour l’autoconsommation. Parmi les résultats le plus importants, ont pu souligner les suivants: 1) Le niveau de scolarité des chefs des foyers  est très bas; 2) Les travaux sont très instables et les revenus sont également très bas; 3) Une proportion très baisse des personnes que font part des foyers s’occupent de la production pour l’autoconsommation, dû à  un manque d’intérêt par la campagne et aux faibles niveaux d’investissement social de la part de l’État; et, 4) La production d’aliments pour l’autoconsommation est importante, mais elle n’as pas d’incidence sur la sécurité alimentaire.

Mots-clé : autoconsommation, aliments, développement rural, sécurité alimentaire au foyer, Antioquia, Colombie

Recibido: 22-06-2006          Revisado: 07-09-2007          Aceptado: 24-09-2007

1. Introducción

En el mundo hay 854 millones de personas subnutridas, entre ellas 820 millones en el mundo en desarrollo y 53 millones en América Latina (FAO, 2006: 6-10). La causa principal no es la disponibilidad de alimentos sino el acceso a los mismos; existen grupos de población que no cuentan con el ingreso suficiente para adquirirlos en el mercado, ni para producirlos en un sistema de autoconsumo. Esta situación ocurre en medio del mayor avance científico y tecnológico de la historia y pese a ello no ha sido posible erradicar el hambre; y, lo que aún es más grave, sigue en aumento.

En el ámbito rural colombiano se vive con mayor intensidad el problema de la inseguridad alimentaria. En el año 2005 el 58,0% de los hogares estaban en inseguridad alimentaria (Intervalo de Confianza, IC, entre 54,3-61,8%), en contraste con el 35,5%  reportado para los hogares urbanos (IC entre 33,3-37,3%) (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF, 2005: 335). Esta Situación que tiene como causa básica la pobreza, originada en la exclusión social, el enfrentamiento armado y el cultivo de productos ilícitos (Osorio, 2003: 64).

Sin embargo la producción de alimentos a pequeña escala por el campesino antioqueño puede ser una alternativa que contribuya a garantizar la seguridad alimentaria de sus hogares, mediante doble vía: por los ingresos que genera la comercialización de los alimentos y por el abastecimiento del hogar de alimentos producidos en su propia parcela. Es por ello que especialistas del sector agropecuario están volviendo su mirada hacia la economía local de pequeña escala, promoviendo que ella no esté centrada en la entrega de subsidios en productos agrícolas, sino en la entrega de bienes públicos como carreteras, escuelas, infraestructura sanitaria y servicios de salud, entre otros (de Ferrare et al., 2005: 8); de esta manera se podrá dotar al campesino de las capacidades necesarias para lograr un mejor nivel de vida (Osorio, 2003: 64).

2. Marco conceptual

2.1. Contexto socioeconómico para la producción de alimentos para el autoconsumo

Las zonas rurales albergan la mayoría de las personas que padecen hambre en el mundo (80%). Según la FAO, la mitad de las personas subnutridas son pequeños agricultores, el 20% son campesinos sin tierra y el 10% son pastores, pescadores y personas que dependen de los bosques (FAO, 2004b: 6-10). Las condiciones de pobreza, la falta de políticas de desarrollo rural, la implementación de modelos económicos que desestimulan la producción agropecuaria de los pequeños productores, la poca capacidad de respuesta ante fenómenos naturales como las sequías y las inundaciones entre otros, convierten a los habitantes rurales en uno de los grupos poblacionales más vulnerables a la inseguridad alimentaria y nutricional.

Podría esperarse que la población campesina de Colombia presentara una mayor protección frente a la inseguridad alimentaria y nutricional, debido a que el país dispone de los recursos naturales suficientes para la producción de alimentos para el autoconsumo y para la comercialización. Sin embargo, los indicadores socioeconómicos y de estado nutricional marcan diferencias a favor de las personas de la zona urbana. Los indicadores antropométricos en niños menores de cinco años en Colombia reflejan que el 17,1% de los niños de la zona rural tienen retraso en el crecimiento o desnutrición crónica; por su parte, en la zona urbana este porcentaje es del 9,5% (ICBF, 2005: 95).

Para el año 2003 la población rural del Departamento de Antioquia en miseria y pobreza fue del 78,7%; mientras que en la zona urbana esta cifra fue del 45,5% (Dirección Seccional de Salud de Antioquia, 2003: 5). Esto se debe en gran medida a las políticas de desarrollo social y económico que han privilegiado a los habitantes de las ciudades; a la implementación de sistemas productivos dependientes de insumos poco aptos para sistemas ecológicos tropicales; y al mayor impacto en las personas de la zona rural de situaciones como la política de apertura económica, el conflicto armado interno y los cultivos ilícitos.

2.2. Seguridad alimentaria y nutricional en el hogar

En la cumbre mundial sobre Alimentación se definió que un hogar se halla en seguridad alimentaria cuando tiene acceso a los alimentos necesarios, en términos de cantidad y calidad  para llevar una vida sana de todos sus miembros y cuando no se tiene riesgo de perder dicho acceso (FAO, 1996: 3). Para obtener la seguridad alimentaria y nutricional en los hogares se requiere que cada uno de sus integrantes acceda a la cantidad de alimentos que cubran sus necesidades de energía y de nutrientes, que los alimentos sean inocuos y que el estado de salud favorezca el adecuado aprovechamiento biológico de los alimentos consumidos (Álvarez, 2004: 8).

Un hogar tiene acceso a los alimentos mediante su propia producción o por actividades generadoras de ingreso, como lo son el trabajo y el comercio, mediante bienes de capital y por transferencia de recursos externos. Cuando alguno de estos elementos se modifica en forma negativa, un hogar puede perder el acceso regular a los alimentos y llegar a la inseguridad alimentaria. Los alimentos que los hogares no produzcan en las cantidades necesarias para cubrir sus necesidades de energía y de nutrientes, deben estar disponibles de manera permanente en el mercado local. Pero este sólo hecho no garantiza que los hogares los puedan adquirir, dado que los ingresos económicos de éstos deben ser suficientes para que se puedan acceder a los alimentos suficientes en cantidad y calidad.

2.3. Autoconsumo de alimentos

El autoconsumo es la producción de alimentos que tiene lugar en la parcela del pequeño productor, que se utiliza para la alimentación del hogar y que es consumida sin otra  transformación diferente a la culinaria (Torres, 2002: 84). Esta actividad constituye un elemento de la identidad cultural del campesino antioqueño, promovida por varias décadas por entidades gubernamentales y no gubernamentales como alternativa a la difícil situación de hambre y pobreza que agobia a los pobladores de las zonas rurales.

El autoconsumo era prioritario para las sociedades agrarias anteriores al capitalismo y ha constituido desde entonces, no sólo una estrategia para la subsistencia, sino un instrumento para mantener las relaciones sociales que surgen de la convivencia entre los individuos; esto porque propicia las donaciones y el intercambio recíproco entre parientes y vecinos (Cáceres, 2003: 33-36). Igualmente tiene una gran importancia ambiental, debido a que las pequeñas extensiones de los productores basadas en la biodiversidad protegen contra la erosión genética causada en gran medida por la agricultura industrial (Granados, 2002: 12).

El autoconsumo tiene una repercusión importante en la seguridad alimentaria y nutricional de los hogares, como se encontró en el estudio de «Autoconsumo y reciprocidad entre los campesinos andinos: caso Fómeque». El autor  constató que el autoconsumo tenía una participación en el costo de la canasta básica de alimentos que osciló entre el 21,0% y el 82,0% y representó hasta el 43,0% del ingreso familiar agropecuario (Torres, 2002: 92).

Cáceres (2002: 34) reportó que existía una mayor seguridad alimentaria en los productores que practicaban la agricultura orgánica, comparados con los que se dedicaban a la agricultura industrial. Esto se debía a que la producción que se hizo de forma diversificada guardó una estrecha relación con el autoconsumo; los productores orgánicos triplicaron la cantidad de especies dedicadas para este fin, con respecto a los de la agricultura industrial. Por lo tanto, a medida que aumentaba la variedad de las explotaciones campesinas, las posibilidades de que el hogar cubriera sus necesidades nutricionales también se incrementaban.

2.4. Aspectos metodológicos

La presente investigación es de tipo descriptiva de prevalencia. Se determinó una muestra representativa de hogares y municipios, con un nivel de confianza del 95% y un error del 3,0% y un efecto de diseño de 2, dado que el muestreo fue por conglomerados. La muestra estuvo conformada por 973 hogares de la zona urbana y rural, distribuidos en las nueve subregiones del Departamento de Antioquia, Colombia (Cuadro 1).

Cuadro 1

Para la recolección de la información se aplicó en cada hogar una encuesta en la cual se incluyeron las siguientes variables demográficas y socioeconómicas: estructura de la población por grupos de edad, sexo y lugar de residencia, número de personas del hogar, tipología del hogar, ocupación del jefe de hogar, nivel educativo de los padres, condiciones de la vivienda y la disponibilidad de predios para el cultivo de alimentos.

Mediante el estudio del hábito de compra de alimentos o consumo aparente, se valoró el aporte de los alimentos procedentes del autoconsumo a la disponibilidad de alimentos en  hogar. Para ello se indagó sobre  los alimentos comprados y utilizados en la semana anterior a la entrevista, la unidad de medida y/o cantidades en gramos adquiridos; se registró además la cantidad de alimentos procedentes de la producción para el autoconsumo y de otras fuentes. Para estandarizar los pesos y medidas se diseñó un Manual con pesos y medidas de alimentos frescos y procesados. Los alimentos se clasificaron en 12 grupos, de acuerdo con su composición nutricional: carnes, leche y productos lácteos, frutas, verduras, cereales y derivados, leguminosas, tubérculos y plátanos, grasas, azúcares y dulces, bebidas, condimentos y huevos.

2.5. Disponibilidad semanal en gramos de los alimentos de mayor frecuencia de producción para el autoconsumo

Para cada grupo de alimentos se seleccionaron los alimentos que fueron producidos por el mayor número de hogares. Con base en el volumen total de producción de los hogares, se calcularon las medidas de tendencia central y de posición. De acuerdo con las Guías Alimentarias de Colombia (Instituto Colombiano de Familiar, 2000: 1-20), se estableció la recomendación de ingesta en gramos/semana/hogar de cada grupo de alimentos; ésta fue comparada con la disponibilidad en gramos del  alimento para determinar su aporte a lo recomendado.

2.6. Seguridad alimentaria en el hogar

Se aplicó la escala Venezolana de seguridad alimentaria (Lorenzana y Mercado, 2002: 851-857 y validada en Antioquia (Álvarez et al., 2006: 199-210). Esta escala considera la premisa de que por falta de dinero para comprar alimentos en el último mes sucedió o no la situación que contempla cada uno de los ítems establecidos. Cada hogar, de acuerdo con el puntaje obtenido en la escala, se clasifico así: seguro (0), en inseguridad alimentaria leve (1 a 17), en inseguridad moderada (18 a 26) y en inseguridad alimentaria severa (>27) (Álvarez et al., 2006: 199-210).

3. Resultados de la investigación

A partir de la metodología explicada anteriormente, el desarrollo de la investigación condujo a los siguientes resultados.

3.1. Algunos aspectos demográficos  y socioeconómicos  

El 38,9% de los integrantes de los hogares productores de alimentos para el autoconsumo eran menores de 15 años, cerca  de la mitad tenía edades entre 15 a 64 años y el 6,2% eran mayores de 64 años. En las subregiones del Bajo Cauca (46,6%), del Urabá (45,3%) y del Nordeste (42,3%) se presentaron  las mayores proporciones de población menor de 15 años. El mayor porcentaje de personas en edad laboral, excluyendo a la ciudad de Medellín,  se presentó en Oriente (59,7%), Valle de Aburrá (59,4%) y Suroeste (59,1%). La mayor proporción de personas en edad avanzada se encontró en los hogares de las subregiones del Oriente (9,4%), del Suroeste (8,9%) y del Occidente (8,3%).

El promedio de integrantes de los hogares del Departamento de Antioquia (Colombia) fue similar en la zona urbana (4,6±2,1) y rural (4,7±2,1) (p>0,05). En todas las subregiones el promedio de integrantes de los hogares en la zona  rural y urbana fue similar (p>0,05), excepto en el Valle de Aburrá que fue mayor en la zona urbana y el Magdalena Medio, que fue mayor en la zona rural (p<0,05). Los hogares de la zona urbana de las subregiones del Urabá (6,2±2,9), del Bajo Cauca (5,2±2,2) y del Valle del Aburrá (5,1±1,4), presentaron los promedios más altos y los hogares con menor promedio fueron los de la subregión del Nordeste (3,6± 2,1) (p<0,05). En la zona rural los hogares con mayor  promedio se reportaron en Urabá (5,6±2,2), Bajo Cauca (5,4±2,3)  y el más  bajo en el Valle de Aburrá  (3,9± 1,6) (p<0,05).

El  49,7% y el 35,3%  de los hogares rurales y urbanos  estaban constituidos solamente por los padres y los hijos, mientras que el 31,5% y 39,6% de los hogares, respectivamente eran extensos; es decir, estaban además integrados con otros familiares. Los hogares urbanos encabezados por la mujer presentaron una proporción dos veces mayor (12,5%) con respecto a la presentada en  los rurales (6,1%) (p<0,05).

3.2. Ocupación

Las ocupaciones predominantes de los  jefes de hogar urbanos fueron: amas de casa (19,3%), jornaleros agropecuarios (17,7%), empleos informales (15,0%), empleados (11,4%) y comercio (7,5%). En la zona rural se presentó la siguiente situación: jornaleros agropecuarios (56,0%), amas de casa (9,1%) y empleo informal (6,8%).

El 28,7% de las personas mayores de 14 años que integraban los hogares en estudio trabajaban en el sector agropecuario. En el área rural el 15,5% eran jornaleros agropecuarios y el 10,6% agricultores, en tanto en el área urbana los porcentajes fueron 1,9% y 1,1%, respectivamente. En el área rural las mayores proporciones de agricultores se presentaron en las subregiones del Suroeste (18,9%) y del Norte (24,2%) y las menores en Urabá (0,7%) y Bajo Cauca (1,8%); la ocupación de jornalero agropecuario presentó en todas las regiones mayores proporciones con respecto a la de agricultores, excepto en las subregiones del Suroeste, del Norte y del Occidente, donde fueron menores. En el área urbana una baja proporción de personas se dedicaba a la agricultura y al jornaleo (Cuadro 2).

Cuadro 2

3.3. Nivel de escolaridad  de los padres y madres

El 16,6% y el 24,4% de los padres de los hogares urbanos y rurales de Antioquia no habían cursado ningún grado de escolaridad; el 53,3% y 64,7%, respectivamente, tenían algún grado de primaria; y algún grado de secundaria, el 26,0% y 9,5%, respectivamente. El 12,9% y el 12,5% de las  madres  de  los  hogares de la zona urbana y rural no tenían ningún grado de escolaridad, habían cursado algún grado de primaria el 51,1% y el 69,8% y de secundaria el 31,8% y el 16,2% respectivamente.

3.4. Disponibilidad en la vivienda de servicios sanitarios y agua intradomiciliaria

El 100% de los hogares urbanos de las diferentes subregiones reportaron contar en la vivienda con servicio sanitario, excepto los de las subregiones del Norte, del Nordeste, del Urabá y del Bajo Cauca que fue menor. Con agua intradomiciliaria contaron el 100% de los hogares de las subregiones del Valle de Aburrá, del Oriente, del Suroeste, del Norte y del Nordeste. En el resto de las subregiones esta cobertura osciló entre el 80,0% y el 94,0%, excepto  en los hogares del Urabá, donde fue de 33,0% (Cuadro 3).

Cuadro 3

3.5. Disponibilidad de predios y cultivo de alimentos

El 69,2% y el 80,6% de los hogares urbanos y rurales productores de alimentos para el autoconsumo en Antioquia disponían de predios; además, todos ellos manifestaron producir alimentos. Los hogares urbanos del Oriente (31,8%) y del Bajo Cauca (59,3%) fueron los que  dispusieron de predios en menor proporción (p<0,05); lo mismo ocurrió en los rurales (61,9%) del Bajo Cauca (p<0,05) (Cuadro 4).

Cuadro 4

3.6. Características alimentarias

a) Aporte porcentual de la disponibilidad semanal neta en gramos de grupos de alimentos:

En  los hogares urbanos y rurales, el 83,4% y el 64,2% de la disponibilidad neta de alimentos procedían de la compra; por vía del autoconsumo, el 13,2% y 29,6% respectivamente. Con respecto a esta última fuente, en los hogares urbanos las frutas, los tubérculos y los plátanos hicieron el mayor aporte; mientras que la leche, los productos lácteos, las frutas, los tubérculos, los plátanos y los huevos hicieron lo propio en los rurales. En los hogares rurales los alimentos de todos los grupos procedentes del autoconsumo presentaron mayor aporte que en los urbanos. El 3,4% y el 6,3% del volumen neto de alimentos disponibles en los hogares urbanos y rurales fueron aportados por otras fuentes (Cuadro 5).

Cuadro 5

b) Disponibilidad semanal en gramos de los alimentos de mayor frecuencia para autoconsumo

Los alimentos producidos para el autoconsumo que estuvieron disponibles en mayor proporción de hogares fueron: el huevo (33,6%), el plátano (35,7%), la cebolla (30,6%) y el limón (29,7%). La disponibilidad de panela equivale a tres veces las recomendaciones de ingesta de azúcares, al tiempo que con la disponibilidad de arroz, leche y frijoles se satisfacen las recomendaciones entre un 80,0% y un 95,0%. El pescado, aunque sólo estuvo disponible en el 3,0% de los hogares, aportó el 57,5% del consumo de carne recomendado para la población colombiana; situación similar presentó el pollo, que estuvo presente en el 5,0% de los hogares y aportó el 52,1% (Cuadro 6).

Cuadro 6

3.7. Seguridad alimentaria de los hogares productores de alimentos según regiones de Antioquia y lugar de residencia

El 80,9% de los hogares productores de alimentos para el autoconsumo en Antioquia se clasificaron en situación de inseguridad alimentaria. Las subregiones con la mayor proporción de hogares en la categoría de seguros fueron Valle de Aburrá (52,4%) y Occidente (37,2%). En contraste, las subregiones del Oriente, del Nordeste, del Urabá y del Bajo Cauca presentaron el 90,0% o más de los hogares en situación de inseguridad alimentaria. Los hogares clasificados en inseguridad alimentaria moderada se ubicaron en mayor proporción en las subregiones del Bajo Cauca (30,2%) y del Norte (22,0%). Estas subregiones también fueron las únicas que reportaron hogares clasificados en inseguridad severa, es decir, con hambre. En la zona urbana de las subregiones del Valle de Aburrá, del Oriente y del Urabá se presentó una mayor proporción de hogares con algún grado de inseguridad. Sin embargo para el resto de las regiones se encontró que la mayor proporción de hogares en situación de inseguridad alimentaria se ubicaron en la zona rural (Cuadro 7).

Cuadro 7

El tamaño promedio de los hogares clasificados en inseguridad alimentaria fue de 6,3±2,2 miembros. Por encima de este promedio se encuentran los hogares del Urabá (8,1±2,2) y, con el promedio más bajo, los del Valle de Aburrá (5,0±1,4). Cerca del 80% de los hogares con algún grado de inseguridad alimentaria se ubicaban en la zona rural y el 94,0% había solicitado asistencia social alimentaria. En el 70,0% de los hogares con inseguridad alimentaria el jefe de hogar era jornalero agropecuario, mientras que en el 26,0% la mujer asumía la jefatura del hogar. La tercera parte de los hogares inseguros no tenía predios para cultivar y la mitad no recibían asistencia social alimentaria.

4. Análisis de resultados

El promedio de personas que integraban los hogares productores de alimentos para el autoconsumo en Antioquia (4,5) fue similar al promedio reportado en el Perfil Alimentario del Departamento de Antioquia (4,7) (Álvarez et al., 2004: 48). Similar promedio (4,1) reportó la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) para los hogares colombianos en el año 2005 (PROFAMILIA, 2005: 36). Tanto en el área urbana como rural, los hogares tienden a ser más pequeños, incluso en población con estilos de vida campesina como son los pequeños productores de alimentos para el autoconsumo. Esto implica que la población rural asume algunas conductas similares a la urbana, como por ejemplo, la planificación familiar y la determinación de tener menos hijos.

Sin embargo, el hecho de que el 18,1% y el 16,8% de los hogares rurales y urbanos productores de alimentos para el autoconsumo estuvieran constituidos por siete o más personas, indica que todavía existen hogares grandes, lo que además presentan un bajo nivel socioeconómico y por consiguiente, mayor vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria (Perfetti, 2003: 169-178).

El hecho de que los hogares sean más pequeños, sí se asume la producción de alimentos para el autoconsumo como una vía importante para la seguridad alimentaria, representa un aspecto demográfico que favorece una  mayor disponibilidad per cápita de alimentos. Evita mayores desgastes fisiológicos de la mujer, lo que implica menor requerimiento de energía y de nutrientes y, como consecuencia, mayor posibilidad de satisfacerlos y lograr su seguridad alimentaria y nutricional. Así mismo favorece la participación social de la mujer, dado que se libera de largas horas de trabajo doméstico. Por otro lado, si la producción para el autoconsumo se sostiene con el trabajo en la parcela, es de suponer que se contará con menos personas para la producción de alimentos y menos población rural para preservar las tradiciones agropecuarias y las especies vegetales y animales.

Los hogares urbanos productores de alimentos presentaron una proporción dos veces mayor de mujeres jefes de hogar, con respecto a la proporción encontrada en el área rural. En los hogares urbanos la proporción fue similar a la encontrada en la ENDS del año 2005 (30,3%), proporción que aumentó con respecto a las encuestas anteriores y se reflejó en ambas zonas del país (PROFAMILIA, 2005: 36). La situación puede deberse en parte al desplazamiento, a la ruptura del grupo familiar por la violencia y por las separaciones, a la búsqueda de  mejores oportunidades de empleo por el hombre y en lugares diferentes donde está la mujer, así como de mejores oportunidades de empleo y al madre-solterismo.

Las mujeres con bajos niveles socioeconómicos que asumen este rol tienen bajo grado de escolaridad, empleos poco calificados y mal remunerados, o en muchos casos son desempleadas. Esto afecta de manera negativa el acceso a la cantidad y calidad de los alimentos requeridos, así como al cuidado de los niños y el ambiente psicosocial del hogar y por ende el estado de salud y nutricional. La literatura reporta que los hogares con jefatura femenina se encuentran frecuentemente en las zonas más pobres de los países y disponen de menos ingresos económicos que los hogares con jefatura masculina (CEPAL, 2004: 24).

Las mujeres en los países en desarrollo tienen un papel importante en la producción agrícola nacional. Ellas producen cultivos a pequeña escala y comerciales y realizan acciones en los tres pilares de la seguridad alimentaria: la producción, el acceso y la utilización de los alimentos (Brown et al., 2002: 206). En este sentido, los datos estadísticos de la FAO en el 2005 describen que la mujer es responsable del 60,0% al 80,0% de la producción de alimentos en los países en desarrollo y del 50,0% de los producidos en todo el mundo (FAO, 2005a: 1). Esto le confiere además un papel importante en la administración sostenible de los recursos naturales que utiliza para la producción de alimentos.

La elevada proporción de hogares extensos en la zona  urbana  y rural induce a pensar que debido a las precarias condiciones socioeconómicas, las personas con lazos de consaguinidad deciden vivir bajo un mismo techo para compartir gastos del hogar como la alimentación, la vivienda y los servicios públicos. Si bien se alivia la presión económica, el hogar puede presentar por esta situación hacinamiento, lo que a su vez afecta las condiciones higiénico-sanitarias y las relaciones intrafamiliares.

Los jefes de hogar de la zona rural reportaron ocuparse en mayor proporción como jornaleros agropecuarios, situación diferente a la que se presentó en la zona urbana, donde por cada jefe jornalero agropecuario había nueve en la zona rural. Lo anterior demuestra que en el Departamento de Antioquia la mayor opción de empleo en el campo está orientada a la producción de alimentos, actividad que no es bien remunerada. En la mayoría de los casos sólo reciben un jornal y la producción de alimentos es para el dueño de la tierra, quien percibe aproximadamente diez veces el valor del ingreso del jornalero rural (Pérez y Pérez, 2002: 43).

Aunque la actividad laboral de jornalero agropecuario incrementa la disponibilidad local de alimentos, revela que una proporción importante de campesinos no cultivan su propia tierra. Esto puede deberse a que no disponen de ella; a la  falta de acceso a los créditos o a la tecnología; o bien porque disponen de pequeñas parcelas que no ocupan durante todo el año y la mano obra de las familias rurales lleva a la búsqueda de trabajo temporal en otros predios, bien sea en trabajo agrícola o pecuario (Pérez y Pérez, 2002: 42). Es probable que por esta última razón  sólo el 7,1% de los integrantes de los hogares de Antioquia productores de alimentos para el autoconsumo se ocuparan como agricultores.

El hecho de que la mayoría del empleo de los jefes de hogar esté por fuera del sector agropecuario puede deberse a la existencia de un sector agrícola estancado e improductivo, razón por la cual las personas se emplean en otros sectores o emigran a las cabeceras municipales en búsqueda de otras oportunidades (Viveros y Porras, 2005: 18). Esta situación tiene implicaciones en el bienestar de la población, como lo demostró la Encuesta de Calidad de Vida y Eficiencia de 1999, en donde se encontró que los hogares que dedicaron más tiempo a las labores del campo en su propia parcela eran los que poseían los mayores ingresos; en contraste con los más pobres que invertían un poco más del 30% de su tiempo en trabajos fuera de su parcela (Ramírez et al., 2000: 40).

El bajo nivel educativo de los padres y madres de los hogares productores de alimentos en Antioquia afecta la seguridad alimentaria y nutricional, porque limita la posibilidad de acceder a empleos bien remunerados que mejoren sus condiciones económicas y les permitan salir del ciclo pobreza-hambre e inseguridad alimentaria. Tal situación coincide con lo reportado por la Encuesta de Calidad de Vida y Eficiencia, donde se plantea que el grado promedio de escolaridad de los padres del área rural es de  3±2,9 años (Ramírez et al., 2000: 37). La educación es una de las dotaciones que más inciden en el logro del bienestar de los individuos y en el autocuidado de los integrantes de sus familias (Davidson, 2002: 1-4; Jukes et al., 2002: 1-4).

Las diferencias en el nivel educativo de los padres de la zona urbana con respecto a los padres de la zona rural se observa al comparar la proporción de padres urbanos (26,0%) que alcanzaron algún grado de secundaria con la proporción reportada para los padres rurales (9,5%). Tales cifras constituyen una muestra de la iniquidad social, la cual limita la posibilidad de que los hogares rurales salgan del ciclo pobreza-desnutrición-hambre. Esta situación es coherente con el hallazgo para Colombia de la ENDS del 2005, que reportó que el 13,9% de personas del área rural no habían cursado ningún grado de escolaridad; esto contrasta con la proporción urbana, que fue del 6,2% (PROFAMILIA, 2005: 42) y con los resultados del «Estudio sobre la Educación Rural del país», donde se evidencia que el aumento de la escolaridad promedio durante la década de 1990 en la zona rural fue de menos de un año; mientras que en la zona urbana fue el doble. Al finalizar esta década la brecha entre ambas zonas del promedio de escolaridad de la población mayor de 15 años fue de 3 a 4 años (Perfetti, 2003: 180-181).

En el ámbito nacional se estableció que la población rural en situación de pobreza en el año 2000 ascendió al 80,0%; el 43,5% se encontraba en condiciones de miseria, mientras que el porcentaje de pobres en la zona urbana fue del 50,0% (cifra que también es preocupante). Sin embargo, en un periodo de cinco años la población campesina aumentó en 10 puntos porcentuales su pobreza y la urbana lo hizo en cinco puntos, debido a que en 1995 la cifra de pobres en la zona rural era del 70% (Machado, 2004: 38).

La situación de pobreza es una de las principales causas de la utilización de las tierras para la siembra de cultivos ilícitos, la cual es una actividad que pese al deterioro del medio ambiente les proporciona ingresos más altos que los obtenidos en las actividades lícitas del campo. A pesar de ello, las necesidades básicas de la población en educación, salud y aprovisionamiento de bienes y servicios se acrecienta (Osorio, 2003: 64).

Además, la situación de pobreza estimula la incursión de los campesinos en los grupos al margen de la ley, lo que propicia  la violencia que deteriora la tierra y los recursos biológicos necesarios para la producción de alimentos. Además, el  conflicto armado incide en la inseguridad alimentaria y nutricional de los hogares por medio de acciones como la usurpación deliberada de bienes, la destrucción de los mercados, la eliminación de la atención en salud y la desintegración de las comunidades (Messer et al., 1998: 1-2).

El hecho que cerca de una quinta parte de los hogares urbanos y una cuarta parte de los hogares rurales no dispongan de agua intradomiciliaria y de servicios sanitarios, ratifica una vez más la iniquidad en la disponibilidad de infraestructura sanitaria básica para los hogares rurales, aspecto que favorece las presencia de enfermedades infecciosas que alteran el estado de salud y nutrición de sus integrantes. La seguridad alimentaria y nutricional se logra con el consumo de calorías y nutrientes, siempre y cuando las personas estén libres de enfermedades que interfieran con el adecuado aprovechamiento de los nutrientes y/o incrementen las necesidades nutricionales (Sánchez, 1998: 1-2).

Un alto porcentaje de hogares  productores de  la zona urbana y rural del departamento de Antioquia son propietarios de los predios para cultivar alimentos. La tierra es un activo muy importante para el campesino; ella se puede convertir en el sustento del hogar, bien sea porque cultiva alimentos o por su utilización para otros fines económicos. La FAO considera que las personas con derecho a la tierra tienen «niveles de vida más sostenibles», porque el tener derecho a la tierra permite acceder  a otros recursos como los naturales, al capital financiero, a obtener activos fijos y fortalece el capital humano y social (FAO, 2005b: 1). En el 2004 se reportaron varios estudios realizados en diversos países que aportan información acerca de la relación entre tener derechos de propiedad de la tierra con el acceso a créditos y a montos de créditos superiores cuando existe la garantía de la tierra; además se estableció la correlación entre la desigualdad de la propiedad de la tierra y el grado de pobreza en regiones como el Sur de Asia, Sur de África y América Latina (FAO, 2004b: 16-18).

El deficiente acceso a tecnología apropiada y a oportunidades económicas de los campesinos, impulsan a los pequeños productores del sector rural a explotar de forma excesiva la tierra hasta agotarla, en su lucha por la supervivencia. Cuando esto sucede los campesinos se trasladan a nuevos sitios, ampliando la frontera agrícola, lo que genera una presión negativa sobre los recursos naturales e impide la posibilidad de conservación de los mismos (CEPAL, 2006: 53).

El acceso a la tierra por parte de las comunidades pobres promueve la autosufiencia, incrementa el acceso a los alimentos y mejora las oportunidades económicas de los hogares y es un medio para erradicar el hambre, garantizar la seguridad alimentaria y reducir los niveles de pobreza (Ramírez et al., 2000: 22-50). Por lo tanto, para que Colombia pueda alcanzar las metas de milenio de erradicar la pobreza y el hambre, debe considerar la concentración de la propiedad rural, el uso de la tierra, los efectos del conflicto armado y de los cultivos ilícitos en el desarrollo rural, la efectividad de las políticas agroalimentarias y la participación de la población rural en las decisiones locales, regionales y nacionales (Ramírez et al., 2000: 48).

Aunque los alimentos disponibles en los hogares rurales y urbanos fueron en mayor volumen provenientes de compras, la obtención de los alimentos a partir de la producción para el autoconsumo también fue importante, dado que en la actualidad son más los factores que inducen a la deserción de las labores del campo que los que retienen a la población campesina en el área rural. Es el caso de la falta de apoyo del gobierno a los productores de alimentos a pequeña escala, evidenciado en la carencia de subsidios agrarios que permitan el mejoramiento de sus productos y, por lo tanto, el posicionamiento en el mercado (Machado, 1996: 63).

En la zona urbana también se encontraron hogares que dispusieron de alimentos para el autoconsumo; esto quizás fue posible por la migración de los campesinos a la zona urbana buscando mejores opciones de vida, situación que los induce a adaptar su nueva forma de vida a la acostumbrada en el campo. Así mismo, la adopción de prácticas del campo en los habitantes de la zona urbana, se utiliza como una forma de sustento alimentario ante la situación de precariedad económica, consecuencia de la desigualdad social y de la falta de acciones estatales orientadas a esta población, así como producto de los programas gubernamentales que estimulan los proyectos productivos urbanos.

En los hogares que producían alimentos para el autoconsumo en el departamento de Antioquia se observó que la mayor disponibilidad de alimentos por esta vía estuvo representada por frutas, verduras, tubérculos y plátanos y huevo. Aunque las frutas y las verduras estuvieron presentes en mayor variedad, la cantidad disponible no es suficiente para que los integrantes del hogar  logren consumir el número de porciones propuesta en las guías alimentarias de Colombia (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, 2000: 1-20).

El pollo fue criado sólo por el 5,0% de los hogares. Este hecho llama la atención dadas las múltiples campañas del Plan de Mejoramiento Alimentario y Nutricional de Antioquia (MANA), para fomentar los galpones para su cría. Además,  la alimentación de estas aves se puede realizar con desperdicios del hogar y con alimentos producidos en la huerta, pudiendo ser una fuente importante de proteínas de alto valor biológico en comunidades cuyo acceso a los alimentos de origen animal es limitado por las precarias condiciones socioeconómicas en que viven. De hecho, en los hogares que lo reportaron como un alimento utilizado para su alimentación, logran con el consumo de carne de pollo suplir el 52,1% de las recomendación del consumo de carne que debe tener el hogar promedio en una semana (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, 2000:1-20).

Los alimentos que constituyen el grupo de las carnes tienen costos considerables, por lo que aumentan el costo de  la canasta de alimentos del hogar. Sin embargo su consumo es importante para el adecuado estado de salud y nutrición, principalmente en el periodo de crecimiento y desarrollo durante la niñez y en la etapa de gestación, dado que son fuente de proteína de alto valor biológico, de hierro y de vitaminas del complejo B, como tiamina, riboflavina, niacina, B12 (cianocobalamina) y ácido pantoténico (Bello, 1999: 18-22). Su promoción para el autoconsumo ha sido objeto de diversas intervenciones por parte de organismos estatales y públicos, conscientes de los beneficios nutricionales del grupo de las carnes. Sin embargo, los proyectos no han logrado en su mayoría ser autosostenibles, dada la dependencia que para su éxito y permanencia tienen estas intervenciones en la ayuda económica de las entidades que los patrocinan. Por lo tanto, una vez se suspende la financiación, las poblaciones disminuyen la cría o el cultivo de especies animales.

En los hogares de la mayoría de las regiones se observa que la guayaba, la naranja y el limón son las frutas con mayor frecuencia en los cultivos y con mayor disponibilidad  para ser consumidas. Esta situación puede estar condicionada a la época de cosecha de estas frutas, pero en Antioquia está disponible durante todo el año una gran variedad de alimentos de este grupo. En este estudio no se indagó acerca de los métodos de conservación de alimentos perecederos que se producen en la parcela, pero sin embargo, dada la escasa variedad en la disponibilidad de frutas, se cree que los productores desconocen los métodos de conservación. Tal circunstancia puede conducir a un mal aprovechamiento de las frutas en las épocas de mayor producción.

En el grupo de las frutas y las verduras se reporta una variedad importante de su producción para el autoconsumo, no obstante que el volumen y el número de hogares que las produjeron no son significativos para considerarlas como un patrón de consumo y mucho menos como una ingesta satisfactoria de acuerdo con las recomendaciones diarias para el consumo de este grupo de alimentos. Por el tipo de fruta que predomina en las regiones estudiadas se concluye que las frutas disponibles para el autoconsumo se obtienen de manera silvestre y no como parte de una cultura de siembra de árboles frutales para mejorar la diversidad y la calidad nutricional de la alimentación del hogar.

Las verduras que producen los hogares con mayor frecuencia son la cebolla de rama, el cilantro y las coles; las dos primeras son utilizadas como condimentos y no como ingrediente principal de preparaciones que favorezcan un consumo en mayor cantidad. En este grupo de alimentos tampoco se encontró variedad en la producción.

Una proporción importante de hogares produjeron plátano y yuca para su consumo y el volumen disponible de ambos alimentos tiene un aporte importante con respecto a las recomendaciones de consumo del grupo tubérculos y plátanos. Éstos son importantes fuentes de energía, le dan palatividad a la alimentación y producen saciedad. Los alimentos de este grupo se producen en todos los pisos térmicos, en tanto su diversidad y calidad están determinadas por las características del suelo. Por tal razón en la canasta de alimentos de todos los hogares se encuentran los tubérculos y plátanos, siendo los más comunes la papa, la yuca y el plátano.

El fríjol representa en gran medida la identidad cultural de la población antioqueña. Sin embargo, sólo el 6,8% de los hogares reportaron disponer de este alimento por autoconsumo. Esta situación indica que la mayoría de los hogares del departamento obtienen este alimento a través de la compra, lo cual puede  incidir por sus altos costos en la frecuencia y cantidad de consumo. Las leguminosas son alimentos que le aportan a la alimentación nutrientes como proteínas, vitamina B1 y B3, ácido fólico y fibra. Recientemente han cobrado mayor importancia, debido a sus efectos beneficiosos en enfermedades como las cardiovasculares, la diabetes y la carcinogénesis.

La leche cruda es el alimento más característico del grupo de leche y derivados lácteos en los hogares con autoconsumo. Los hogares que dispusieron de ella pueden consumir el 82,3% de las recomendaciones de ingesta de este alimento en una semana para un hogar típico. El consumo de este grupo de alimentos representa para las personas aportes de proteína de alto valor biológico y de calcio, necesarios para el buen funcionamiento y mantenimiento del organismo, principalmente en la etapa de crecimiento físico donde estos nutrientes juegan un papel determinante en la conformación de tejido muscular y óseo. El calcio se encuentra en un 99% en los huesos y los dientes, mientras que el restante participa en el transporte de iones a través de la membrana celular y unida a proteínas, citrato o ácidos orgánicos (Anderson, 2001).

El huevo de gallina es un alimento muy frecuente en los hogares para el autoconsumo. Este alimento constituye una alternativa importante en situaciones donde la disponibilidad y el consumo  de carne es bajo, porque aporta  proteína de alto valor biológico, colesterol y vitaminas A y D, principalmente para los niños que requieren un aporte importante de estos nutrientes para su adecuado crecimiento y desarrollo cerebral.

5. Conclusiones

El autoconsumo no significó para los hogares productores una estrategia protectora contra la inseguridad alimentaria. Esto se evidenció en el alto porcentaje de hogares (80,9%) que se perciben en esta situación, que pese a que producían en su parcela alimentos para el hogar, mostraron una proporción 9,0% mayor a la encontrada en el estudio de Perfil Alimentario de los hogares de Antioquia (Álvarez et al., 2004: 96). En la zona rural, donde se ubican el 73,8% de los hogares del estudio, se asume una mayor producción de alimentos, dada la mejor oferta de recursos naturales. Sin embargo, la mayoría de ellos se perciben en inseguridad alimentaria, fundamentado en el hecho de que en seis de las nueve subregiones el porcentaje de hogares en la zona rural clasificados en inseguridad es mayor a la proporción de hogares de la zona urbana en dicha situación. En consecuencia, las personas sienten garantizada su seguridad alimentaria en la medida en que sus recursos económicos son suficientes para adquirir a través de la compra los alimentos que necesitan.

El alto porcentaje de hogares que se perciben en inseguridad alimentaria es compatible con el nivel de pobreza que padecen los habitantes de la zona rural (80%) (Machado, 2004: 38), en donde el único Estado que existe está representado por los actores al margen de las normas e instituciones democráticas que encuentran allí el escenario propicio para instaurar su propio orden social.

En todas las subregiones los hogares clasificados en escalas de inseguridad alimentaria moderada y severa tienen un tamaño de hogar superior al promedio. Ésta es una  característica determinante de la seguridad alimentaria en los hogares productores para el autoconsumo en el Departamento. A medida que en los hogares se aumenta el número de miembros, se incrementa también la dependencia económica, debido a que en un 40% están constituidos por personas menores de 15 años; además en el presente estudio se determinó que por cada 100 personas en edad de laborar, existen 82 dependientes.

La ubicación geográfica es también un marcador de la inseguridad alimentaria y nutricional: ocho de cada 10 hogares analizados se encuentran en la zona rural. Este hallazgo es congruente con el reporte que hace la FAO en el 2004 acerca de la subnutrición al nivel mundial, en el cual se afirma que el 80,0% de las personas que padecen hambre son pequeños agricultores, campesinos sin tierras, pescadores y personas que dependen de los bosques, mientras que el 20% restante corresponde a la población pobre de las zonas urbanas (FAO, 2004a: 10-15).

La mayoría de los hogares productores para el autoconsumo (70,0%) que se hallan en inseguridad alimentaria y nutricional moderada y severa tienen como cabeza de familia a personas que se ocupan como jornaleros agropecuarios. Esta proporción es cerca de la mitad para los hogares del estudio de Perfil Alimentario de Antioquia. Si bien las actividades del campo no generan los ingresos suficientes para sus moradores, la situación se torna más grave para aquellos que venden su fuerza de trabajo en otras parcelas diferentes a la suya en calidad de jornaleros. La Encuesta de Calidad de Vida y Eficiencia realizada en 1999 publicó que los hogares que destinaban más horas de trabajo en otras unidades productivas diferentes a la propia eran más pobres (Ramírez et al., 2000: 49). El oficio de jornalero es mal remunerado; no garantiza la seguridad social del jefe de hogar ni la de sus miembros; es muy inestable en los días que ofrece remuneración y limita la posibilidad de que el productor invierta en su parcela, implementando cultivos comerciales y diversificando los de autoconsumo.

Aval del Comité de Ética: esta investigación fue aprobada por el Comité de Ética del Área de la Salud de la Universidad de Antioquia, Colombia.

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