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Revista de Pedagogía

versión impresa ISSN 0798-9792

Rev. Ped v.23 n.67 Caracas mayo 2002

 

Dimensiones de la profesión de orientación: implicaciones para su formación académica

Dimensions of professional counseling: some career implications

Jorge Davy Vera

 

Facultad de Humanidades y Educación Universidad del Zulia

Maracaibo. gvera@mail.luz.ve

RESUMEN En este artículo se entiende que las competencias para el ejercicio profesional de la Orientación son conformadas por varias dimensiones: Personalidad, Identidad Profesional, Ética y Habilidades Profesionales Especificas, dimensiones que inciden en el ejercicio profesional exitoso y saludable de la profesión de Orientación. Tales dimensiones son discutidas en relación con sus implicaciones en la formación académica de los profesionales de la Orientación.

Palabras clave: Orientación, personalidad, identidad profesional, ética, habilidades profesionales especificas.

ABSTRACT In this article an analysis is made on the assumption that the competence for the practicing of the counseling profession is comprised of at least four dimensions: personality, professional identity, personal ethics, and specific professional abilities. These dimensions determine the proper and successful practicing of the counseling profession. Such dimensions are discussed as to their implications for the training of educational counselors.

Key words: Counseling, personality, professional identity, personal ethics, specific professional abilities.

I. INTRODUCCIÓN

El marco conceptual en el cual este artículo se desarrolla se inspira en la visión de la profesión de Orientación operativamente definida como: Una disciplina proactiva, centrada holísticamente en el proceso de asistir a las personas a aprender a utilizar sus recursos personales y ambientales para enfrentar las diferentes situaciones del vivir y para promocionar su desarrollo saludable en el marco de un contexto social particular. Es un proceso interpersonal que involucra a un profesional de la Orientación debidamente capacitado y con experiencia en el uso de los métodos, estrategias, y técnicas profesionales que han sido validados para el trabajo con el individuo, familia, grupos, organizaciones o aquellos segmentos de la comunidad que procuran asistencia. Este proceso incluye el fortalecimiento del individuo para decidir factibles metas / propósitos en cuanto a su persona y para identificar, desarrollar y usar los recursos personales y ambientales para alcanzarlas (Hersherson, Power y Waldo, 1996).

Esta visión de la profesión de Orientación permite determinar que el componente relaciones interpersonales caracteriza la naturaleza de la profesión. La noción de interpersonal comunica la idea de que el encuentro orientador es un encuentro significativamente humano y observable, mediante el cual una de las partes trata de promover, sostener, e incentivar el desarrollo y crecimiento de la otra parte en el manejo de aquellos asuntos personales que le concierne. Esta noción tiene implicaciones fundamentales para el proceso de formación de los orientadores por cuanto el componente interpersonal demanda al estudiante de Orientación la adquisición y desarrollo de competencias intrínsecamente vinculadas a su persona, a su forma de ser y expresarse y a su particular forma subjetiva de percibir el mundo y las relaciones interpersonales que de ese mundo emergen. Por otro lado, el estudiante de Orientación necesita también adquirir una serie de competencias personales, cognitivas, emocionales, relacionales y de actuación que soporten la utilización experta de las teorías, modelos, técnicas y estrategias que integran el repertorio para la acción profesional de la Orientación en el trabajo con las personas y los grupos. De allí que las dimensiones a discutir seguidamente se constituyen en una aproximación teórica de las implicaciones y retos que tales exigencias presentan para los educadores y supervisores de los orientadores en formación.

II. PRIMERA DIMENSIÓN: PERSONALIDAD

La personalidad de los orientadores es el componente vital en la efectividad de la intervención en Orientación de cualquier tipo o modalidad (Gladding, 1996). Por lo tanto, los profesores y supervisores que trabajan en la formación de los orientadores necesitarán identificar aquellas características personales de los estudiantes que son congruentes o no con las características de personalidad necesarias y deseables en los profesionales de la Orientación. Al conocer conceptual y operativamente tales características, el educador y el supervisor estarán en las mejores condiciones para formar ese profesional. Cuando el foco de la formación incluye la dimensión personalidad del estudiante y su correspondencia con las características de personalidad esperada en los profesionales de la Orientación, se haría posible la educación y promoción del desarrollo de una personalidad del estudiante cónsona con la práctica de la Orientación. El incluir la persona del estudiante facilita a los educadores y a los supervisores el diseño y desarrollo de los programas de los cursos del plan académico así como la formulación de las respectivas experiencias prácticas que estimularán la adquisición de una personalidad cónsona con la filosofía y la práctica de la Orientación comúnmente aceptada. Partiendo de la visión de esta dimensión, los formadores de los orientadores necesitan saber las razones y motivaciones que impulsan a los aspirantes a formarse como orientadores.

Es un hecho validado empíricamente que los estudiantes de Orientación y de profesiones afines, como la educación, psicología y el trabajo social, tienen razones y motivaciones personales para desear convertirse en orientadores profesionales. De acuerdo con la literatura, existen dos tipos de motivadores: Motivaciones Disfuncionales y Motivaciones Funcionales. Estos motivadores fueron descritos por Guy (1987) de la siguiente forma. Motivadores Disfuncionales: (a) Conflicto emocional, se refiere a los individuos con situaciones personales no resueltas. (b) Vivencia vicaria, se define como aquella experiencia del individuo que vive su vida a través de otros individuos, en lugar de tener vida significante por sí mismo. (c) Soledad y aislamiento, es característico de los individuos sin o con escasos amigos que pueden buscar llenar sus necesidades emocionales y cognitivas a través de la relación de Orientación con sus clientes. (d) Deseos de poder, puede también ser característico de aquellos individuos que anhelan tener control sobre otras personas, esto puede ser resultado de sus propios miedos y necesidades. (e) Necesidad de Amor, también puede ser un fuerte motivante para aquellos individuos quienes experimentan sentimientos narcisistas y de grandiosidad y quienes además pueden creer que todos los problemas están resueltos por las expresiones de amor y ternura y (f) Rebelión Vicaria, se refiere a los sentimientos de rabia no resueltos y la actuación de los pensamientos y sentimientos de disgusto ante las conductas desafiantes de sus clientes.

Estas características personales descritas no sólo afectan la capacidad del estudiante para darse cuenta de sí mismo, sino que también comprometen su efectividad como futuro orientador. Estas características aumentan la probabilidad de que los orientadores potencialmente puedan dañar a los clientes y la imagen pública de la profesión. Estos Motivadores Disfuncionales pueden interferir con el proceso de aprendizaje de la profesión y el desarrollo de la personalidad del estudiante durante su formación como orientador.

Con relación a los Motivadores Funcionales que pueden motivar a los individuos para estudiar Orientación se tienen los siguientes: (a) Curiosidad, (b) Habilidad natural para escuchar, (c) Confort con la conversación, (d) Empatía y comprensión, (e) Insight Emocional, (f) Introspección, (g) Ego estable (h) Tolerancia a la intimidad, (i) Confort con el uso del poder, y (j) la Habilidad para reír (Guy, 1987).

Los Motivadores Funcionales capacitan a los orientadores para la ejecución sana de una serie de tareas como orientadores. Por ejemplo, los individuos que poseen curiosidad y son inquisitivos suelen tener interés natural en el bien y el progreso de las personas en sus circunstancias. Su habilidad de escuchar es estimulante para ellos y encuentran confort en la conversación con otros. Los intercambios con las personas son agradables y tienen como propósito promover la empatía y el entendimiento de la vida de sus clientes. Ellos son capaces de ponerse en el lugar de la otra persona, aun cuando el cliente sea de un género sexual diferente o de una cultura diferente. Ellos poseen el insight emocional que les permite conocerse y conectarse con otros en el ámbito emocional y son capaces de tratar con los sentimientos, yendo del enojo a la alegría con flexibilidad.

Los Motivadores Funcionales ayudan también a los orientadores a ser profesionales eficaces. Por cuanto ellos practican la introspección, ven y se sienten desde dentro. Ellos también son capaces de posponer sus necesidades personales para escuchar las necesidades de clientes, y son capaces de sostener cercanía emocional. La tolerancia a la intimidad y proximidad del cliente no es un problema y no crea dolor personal o dependencia. Ellos pueden aceptar el poder con un cierto grado de separación personal y les es cómodo el uso del mismo. Los orientadores eficaces poseen la habilidad para reírse y apreciar los avatares y sinsabores de la vida.

Los Motivadores Funcionales y Disfuncionales son útiles en el diseño de los planes educativos de los orientadores. En el proceso de diseño de los programas de los cursos, los profesores considerarían los motivadores que los estudiantes manifiestan. Motivaciones que potencialmente inciden en el aprendizaje de la profesión de Orientación. El educador de orientadores entonces incluiría actividades pedagógicas e instruccionales dirigidas a: Fomentar la autoexploración del estudiante en forma individual y grupal, la formulación de decisiones con respecto a los descubrimientos obtenidos por la autoexploración y la toma de cursos de acción respectivos.

Los profesores y los supervisores pueden incitar la autopercepción y el trabajo formativo con los motivadores a través de actividades especificas que coadyuven a fomentar la manifestación de los motivadores. De manera que los Motivadores Funcionales y Disfuncionales pueden usarse para: Fortalecer la adquisición de la identidad profesional de orientador, Estimular la efectividad en el ejercicio de la profesión y Promover el crecimiento personal de los estudiantes-supervisados. Este trabajo formativo pudiera basarse en algunas estrategias pedagógicas, tales como: Debate de ejemplos tomados de la realidad inmediata del estudiante, estudio y análisis de casos en Orientación, ejercicios simulados de casos en Orientación y discusión en pequeños grupos de experiencias personales que los estudiantes deseen compartir como resultado de los aprendizajes que están obteniendo en la formación como orientadores.

Aparte de los motivadores personales señalados, existen otras características de personalidad que también es importante considerar a la hora de planificar y diseñar los cursos que forman orientadores. Por ejemplo, Gladding (1996) describió algunas características personales que son asociadas con la práctica exitosa de la Orientación. Estas características son (a) Estabilidad, (b) Armonía, (c) Constancia, y (d) Propósitos personales. Estas características personales son consideradas como deseables y necesarias en el orientador, por lo que es conveniente incluirlas como metas para el estudiante durante su formación como orientador. Su inclusión puede reflejarse en los programas de los cursos mediante la utilización de actividades pedagógicas que conduzcan al estudiante a explorar y definir el posible significado de tales metas para sí mismo como futuro orientador.

La formación de los profesionales de la Orientación y disciplinas afines centrada en la persona del estudiante se constituye en uno de los ingredientes básicos para formar orientadores profesionales competentes y personalmente congruentes con la práctica de la Orientación. Autores como Rogers (1961), Carkhuff y Berenson (1967), Kottler (1986), George y Cristiani (1995), Corey, Corey y Callahan (1993), Yalom (1995), Long (1996) y Young (2001), parecen estar de acuerdo con la noción de que la personalidad del Orientador es más importante que sus técnicas y los conocimientos en virtud de que este conjunto de características personales es usado por el orientador como instrumento para asistir en el desarrollo saludable de la vida de quienes atiende. De manera que la inclusión de la personalidad de quien se educa para orientador en el plan académico de formación de orientadores es no sólo importante, pero también necesaria e indispensable. Como los orientadores son personas que están comprometidas a ayudar a otros a ayudarse a sí mismos, tales orientadores necesitan aprender a: ser culturalmente sensibles, adquirir capacidad para identificar sus propios prejuicios y valores, a la vez que necesitan aprender a respetar el origen de sus clientes, sus valores y forma personal de percibir y definir su vida y su mundo. La formación centrada en la persona de quien se forma para orientador lo conducirá a ser un profesional capaz de integrar el conocimiento científico y las habilidades profesionales en su personalidad, por lo cual primero serían personas y entonces luego serían profesionales, logrando así un equilibrio de competencia interpersonal y técnica (Cormier y Cormier, 1985).

Otra ventaja de este enfoque de formación centrado en la persona de quien se educa, es el desarrollo de una serie de tendencias personales necesarias para la práctica exitosa de la orientación. Algunas de esas tendencias personales son las siguientes: Capacidad Intelectual, se refiere al conocimiento sobre las teorías de la orientación, así como el deseo y habilidad para aprender permanentemente. Energía, la habilidad para ser activo en sus sesiones de trabajo con los individuos o los grupos y sostener la energía de los mismos. Flexibilidad, poseer una constelación de conductas que puedan ser adaptables a las necesidades de los clientes. Apoyo, ofrecer apoyo a sus clientes en la toma y ejecución de decisiones, favoreciendo el cultivo de la esperanza. Buena voluntad, desplegar el deseo de trabajar en nombre de sus clientes de una manera constructiva. Conocimiento de sí mismo, saber cómo son ellos mismos individualmente y profesionalmente, Experiencia cultural, relacionarse en forma adecuada y respetuosamente con personas y poblaciones que difieren de ellos en términos de cultura, educación, posición social, grupo étnico u origen nacional.

Los educadores y supervisores de los orientadores además de ellos mismos poseer las tendencias de personalidad mencionadas, también necesitan ser expertos en reconocer que existen otras constelaciones de características personales asociadas con la práctica de la Orientación. Entre ellas se incluyen las siguientes: espontaneidad, madurez emocional, paciencia, facilidad de establecer relaciones, amabilidad, sensibilidad, creatividad, objetividad, empatía, y altruismo, entre otras. Entonces, para los procesos involucrados en la educación y supervisión de Orientadores se tiene que el ejercicio exitoso de la profesión de Orientación dependerá de una combinación entre exploración personal y crecimiento con el dominio de conocimiento y habilidades de aquel que se educa para orientador (Rickey y Cristiani, 1995). La profesión de Orientación demanda tanto de la personalidad del orientador, como de sus supervisores y de los educadores de los orientadores. Es por ello que los programas que forman orientadores y afines necesitan estimular al estudiante en la tarea de adquirir la tendencia de autoexploración y del darse cuenta de sus propios procesos y reacciones, así como apoyarlos en su jornada académica.

Finalicemos esta discusión de la dimensión Personalidad comentando la postura de Rogers y Sullivan (citados por Yalom, 1995) en torno a la efectividad en Orientación. Estos autores sostienen que la efectividad de todo trabajo en Orientación se relaciona directamente con la personalidad del Orientador; indicando que de acuerdo al mayor nivel de "desarrollo" de la persona de los orientadores, mayor es la probabilidad de la efectividad de la Orientación proporcionada por estos Orientadores. Los mencionados autores concluyen que la personalidad del Orientador es el verdadero agente "terapéutico" en la relación de Orientación. Por consiguiente, los resultados del proceso de Orientación dependerán más del funcionamiento "terapéutico" de la personalidad del orientador que del nivel de dominio de los conocimientos especializados en Orientación. Sin embargo, es necesario explorar más en el área de las competencias relacionadas con el desarrollo de una "personalidad terapéutica". Se requiere identificar estrategias para la educación de tal "personalidad terapéutica" y también es necesario identificar los factores medioambientales que pueden facilitar tal tarea educativa. Adicionalmente también se requiere desarrollar instrumentos de valoración y medición y evaluación de los rasgos que puedan ser característicos de la personalidad "terapéutica".

III. SEGUNDA DIMENSIÓN: IDENTIDAD PROFESIONAL

Otro componente significativo de las características profesionales de los orientadores se relaciona con la identidad profesional, la cual tiene implicaciones a la hora de planificar y diseñar los cursos del programa que forma orientadores. A los orientadores se les educa para que presten servicios profesionales de asistencia al desarrollo y crecimiento del individuo y los grupos (Hershenson, Power y Waldo, 1996). De allí que un rasgo saliente de la identidad profesional es la capacidad de estos profesionales para darse a conocer en la sociedad como profesionales de asistencia y desarrollo de los individuos, grupos e instituciones. Un elemento que interviene en la formación de la identidad profesional es el crecimiento personal de los orientadores, en congruencia con el perfil de la profesión de Orientación a partir de las experiencias de formación. Experiencias que promuevan y fortalezcan el desarrollo de la sensibilidad del estudiante para dar respuesta competente ante las circunstancias de otros individuos. Bajo esta noción, los profesores y los supervisores de los orientadores en formación pueden fomentar discusiones en torno a la práctica de la Orientación, sus finalidades y objetivos. Dentro de estas discusiones, la generación de debates sobre las tareas, actividades y funciones asociadas al campo profesional, sobre las diferentes tendencias, definiciones, códigos de conductas y reglamentos que regulan la función del profesional de la Orientación, tanto en el país como en el extranjero. Tales debates pudieran estimular la sensibilidad necesaria para captar e interpretar operativamente la identidad profesional que subyace en el ejercicio profesional, en las tendencias, definiciones y demás materiales discutidos.

Otra característica de la identidad profesional de los orientadores es que como grupo profesional comparten un fuerte interés por el servicio social a otros, en las actividades científicas, humanísticas, literarias y en la persuasión (Auvenshine y Noffsinger, 1996). Los profesionales de la Orientación trabajan con los individuos, sus circunstancias y sus procesos de vida. Este interés del trabajo con los individuos como personas en una realidad temporal específica es la base de la identidad profesional de los orientadores. Por consiguiente, como los orientadores se educan para proporcionar asistencia profesional en niveles preventivos, remediales y de desarrollo a las personas que lo necesiten, entonces es obligatorio que los orientadores no sólo crezcan profesionalmente, sino que adquieran una clara identidad profesional que sea reflejada en su personalidad, en su forma de conducirse con los otros, y en sus procesos cognitivos y emocionales. La adquisición de la identidad profesional en el contexto de desarrollo personal de los estudiantes de Orientación tiene implicaciones para la práctica de la misma debido a que los orientadores no sólo aportan conocimientos teóricos y prácticos especializados para fundamentar su trabajo con los clientes, sino que también transfieren sus cualidades humanas y experiencia de la vida al trabajo en Orientación con sus clientes. De manera que, como los orientadores profesionales promueven el desarrollo humano y los cambios en sus clientes, tales orientadores necesitan también de promover el crecimiento en sus propias vidas, explorando sus propias opciones y decisiones. Este crecimiento es un factor que incide en la adquisición y desarrollo de la identidad profesional del orientador en formación (Corey, Corey y Callahan, 1993).

En Estados Unidos, el Consejo para la Acreditación de Programas en Orientación y Afines (CACREP, siglas en inglés) y la Asociación Americana de Orientación y Desarrollo (AACD, siglas en inglés), han establecido las pautas para el desarrollo de la identidad profesional, e indicado la importancia de ofrecer oportunidades a los estudiantes para desarrollar la autocomprensión a través de actividades en pequeño grupo y a través de servicios de Orientación Personal proporcionados por profesionales calificados (Corey, 1993). CACREP también indica que desde el punto de vista ético, los programas de entrenamiento en Orientación tienen la obligación de examinar y atender el desarrollo personal de los estudiantes en aquellos aspectos que se relacionan con el sentido de servicio que comprende la identidad profesional. En especial, es necesario que se preste atención a aquellos factores y rasgos de personalidad que potencialmente son fuentes de interferencia en la adquisición de la identidad profesional y que pueden a su vez comprometer la efectividad del estudiante en el desempeño de su papel como orientador con los clientes.

Otro componente de la identidad profesional es la tendencia del orientador a vivir una vida plena y a crecer con el transcurso de su vida. La voluntad y deseos de los orientadores profesionales para vivir de acuerdo con lo que ellos predican y ser modelos positivos para sus clientes son los aspectos básicos que les hace ser personas "terapéuticas" (Corey, 1993). La forma como estos orientadores manifiestan su identidad profesional a los clientes, es lo que los hace "modelos de referencia". Lo cual impacta en forma positiva a los clientes. La identidad profesional de los orientadores también puede ser caracterizada por las creencias de los orientadores, sus atributos personales y sus cualidades personales. Se estima que tales características tienen una influencia considerable en el funcionamiento profesional. Por lo tanto, se pudiera indicar que la identidad profesional de los orientadores también puede ser entendida como profesionales que modelan las maneras saludables de vivir. Entonces, la identidad profesional de los orientadores además de incluir conocimientos y competencias especializadas, también incluye la noción de la personalidad del orientador como componente base.

Las tendencias modernas en la formación de los orientadores contenidas en la literatura especializada dedican mucha atención al potencial de crecimiento personal de los orientadores como seres humanos en concordancia con lo que de ellos se espera como profesionales cuya identidad profesional gira alrededor de sus capacidades y competencias para asistir a la persona que requiere de sus servicios. Es evidente que la conexión directa de los orientadores con sus clientes está determinada tanto por su calidad como persona como por sus recursos profesionales. Por lo que al planearse la formación de los orientadores se requiere incluir una clara concepción de la identidad profesional en función de los componentes personales y profesionales. Existe una relación directa entre lo que el orientador hace profesionalmente y lo que ese orientador hace como persona. Sin embargo, el concebir la identidad profesional de los orientadores desde las perspectivas de la persona de quien se educa para orientador y del funcionamiento de la profesión en la sociedad es una tarea inconclusa, en especial en los países latinoamericanos. Para este nuevo milenio, uno de los retos de los educadores y supervisores de los profesionales de la Orientación es el de emprender la labor de desarrollar una concepción de la identidad profesional de los orientadores que no sólo abarque las realidades de las distintas regiones, sino que también operacionalize la identidad profesional en términos de formación para el ejercicio idóneo de la profesión. Perspectiva que a su vez debe ser altamente comunicable mediante el manejo de un lenguaje profesional común.

IV. TERCERA DIMENSIÓN: ÉTICA PERSONAL Y PROFESIONAL

El crecimiento y el desarrollo ético de los orientadores son elementos indispensables durante la formación. Según Herlihy y Corey (1997), las características éticas de los orientadores influyen en los resultados de la intervención en Orientación. Tal visión se basa en la creencia de que los orientadores tienen una definida influencia sobre sus clientes. Esta creencia es ampliamente aceptada entre los orientadores profesionales (Yalom, 1995). Por lo tanto, esta creencia obliga a los programas de formación de orientadores a enfocarse en la dimensión ética de la persona que se forma como orientador así como en su actuación académica. De hecho, el crecimiento en términos de razonamiento y conducta ética de la persona de los orientadores durante su proceso de entrenamiento es clave en el desarrollo de la efectividad como practicante de la Orientación.

El crecimiento personal de los orientadores en cuanto a su dimensión ética durante el entrenamiento es un real desafío para los programas de formación y para los profesores, por cuanto existen problemas potenciales asociados con las relaciones duales y los límites personales de los involucrados. Situación que genera diversidad de roles y múltiples responsabilidades en los profesores para con sus estudiantes (Herlihy y Corey, 1997). Por consiguiente, es necesario que los programas de Orientación no sólo ofrezcan a sus estudiantes actividades de crecimiento, sino que también proporcionen un ambiente de entrenamiento positivo, confiable y confidencial. En atención a este aspecto, el Código de Ética de la American Counseling Association estableció en 1995 la siguiente condición (norma F.1.b.):

Los orientadores definen claramente y mantienen límites éticos, sociales y profesionales con sus estudiantes y supervisados. Ellos son conscientes del diferencial de poder que existe entre ellos y los estudiantes o la posible incomprensión del supervisado en relación con ese diferencial de poder. Los orientadores explican a los estudiantes y supervisados el potencial que la relación tiene de volverse explotadora.

En concordancia con esta norma, los educadores de los orientadores en ejercicio y estudiantes en formación pueden involucrarse en actividades académicas y no académicas que puedan incentivar la adquisición de la capacidad para razonar y conducirse en forma ética. Por ejemplo, los estudiantes necesitan desarrollar un sentido crítico para el conocimiento de sí mismos junto con una comprensión de su dinámica interpersonal, si ellos han de convertirse en orientadores éticos y competentes (Glosoff y Herlihy, 1995, citados por Herlihy y Corey, 1997).

Los profesores deben entonces ofrecer actividades académicas vivenciales que faciliten la comprensión de la ética en sus dimensiones personales y profesionales y cómo son interrelacionadas para fortalecer el crecimiento de la persona del estudiante en concordancia con las demandas de la profesión. Los educadores de orientadores deben utilizar su juicio profesional al dirigir experiencias que lleven a los estudiantes al autodescubrimiento y autocrecimiento personales en términos de la ética, mientras proporcionan un ambiente de seguridad donde los estudiantes no sean explotados de ninguna forma ni puestos en una posición de debilidad en relación con la evaluación académica de la experiencia. Por igual, los profesores deben asegurar que sus estudiantes sean conscientes de la importancia e implicaciones que tales descubrimientos pudieran tener en relación con los profesores, en virtud de los múltiples papeles como profesores y supervisores (Herlihy y Corey, 1997).

Para garantizar esa protección, el Código de Ética de la ACA, establece que los componentes evaluativos de las experiencias vivenciales durante el entrenamiento son explícitamente delineados y basadas en normas académicas predeterminadas que están separadas y que no dependen del nivel de apertura del estudiante. Otra protección ética hace referencia a las competencias profesionales de los orientadores. Muchos conflictos de roles ocurren porque los educadores del orientador no sólo deben promover el crecimiento y la maduración de la ética personal, sino también actuar como guardianes de la profesión.

Por ejemplo, la norma F.3.a. del Código de Ética de ACA establece que los educadores son responsables por la evaluación continuada de sus estudiantes y deben ser conscientes de cualquier limitación personal que podría impedir la actuación profesional adecuada de ese estudiante. Cuando los estudiantes son incapaces de proporcionar los servicios de Orientación competentes debido a alguna limitación personal, los educadores de ese estudiante deben referirlo para que reciba atención profesional. Aquel estudiante que no tiene éxito superando sus limitaciones, debe ser retirado del programa. Los profesores deben no endosar la continuación de ese estudiante en el programa (norma F.3.b. Código de Ética, ACA, 1995).

El crecimiento en términos de la ética de los estudiantes se considera bajo las responsabilidades del programa de formación y de los profesores. Cuando los estudiantes demuestran limitaciones personales contrarias a la práctica de la Orientación, tales como, problemas serios no resueltos, rigidez, actitudes dogmáticas, valores o prejuicios opuestos a la práctica de la Orientación, entonces los educadores tienen el deber ético de confrontar esos estudiantes y estimularlos para que enfrenten y se trabajen tales situaciones (Herlihy y Corey, 1997). Estos autores también sugieren que como parte del plan de estudios, deben ofrecerse oportunidades a los estudiantes para examinar sus vidas personales, dando énfasis a sus necesidades, motivaciones, y experiencias que pudieran comprometer sus habilidades de funcionar en forma ética como orientadores.

Como se puede apreciar, la dimensión de la ética personal y profesional es otro reto para los educadores de orientadores en Latinoamérica. Este reto es debido a que en nuestros países la profesión de Orientación presenta escasos estudios publicados sobre la ética, tanto para la formación como para el ejercicio profesional. Por ejemplo, la profesión de Orientación no cuenta hasta la fecha con códigos de ética y normativas para la práctica que se consideren firmemente establecidos, difundidos y aceptados. Carencia que afecta el establecimiento de una comunidad de profesionales que socialmente sean claramente identificados como profesionales capacitados para la asistencia y desarrollo de los individuos. Así mismo, no existen cuerpos: colegios y academias profesionales, que establezcan los estándares y requerimientos para la formación de los orientadores. Situación que compromete el establecimiento de la identidad profesional de los orientadores y la delimitación de su campo profesional y su diferenciación con profesionales afines. Por otro lado, la profesión tampoco dispone de medios de difusión científica, como revistas especializadas, que le permita comunicar la labor de los orientadores en la investigación y en la práctica profesional.

V. CUARTA DIMENSIÓN: COMPETENCIAS PROFESIONALES ESPECÍFICAS

Los programas académicos de formación de los profesionales de la Orientación y afines, así como los educadores y supervisores de orientadores en formación pueden preguntarse ¿qué competencias y habilidades profesionales deben ser formadas y estimuladas en los estudiantes de Orientación? ¿Que competencias y habilidades profesionales se le exigen al Orientador? ¿Qué debe saber un educador – supervisor en torno a las capacidades especificas que se le exige al estudiante desarrollar? En esta sección discutiremos sobre aquellas condiciones profesionales, que de acuerdo a la literatura especializada y a la experiencia, son las más visibles y deseables para un ejercicio competente y saludable de la Orientación. Para fines de presentación las denominaremos habilidades y competencias técnicas. Las siguientes descripciones y detalles son originarios de las perspectivas teóricas propuestas por los siguientes autores: Bradley (1988), Faiver, Eiseengart y Colonia (1995), Olson (1996), Patterson y Welfel (1994), George y Cristiani (1995), Doyle (1998), Dennis y Dameron (1990), Young (2001).

Competencias Teóricas / Conceptuales

¿Cuáles son algunas de las competencias teóricas y conceptuales más exigidas en cuanto a conocimiento y habilidades que cualquier orientador debe exhibir? Los orientadores deberían ser capaces de: Demostrar conocimiento activo en las teorías y estrategias aplicadas al desarrollo humano. Entender las teorías interpersonales, estrategias y técnicas disponibles para el trabajo eficaz con los clientes. Explicar los principios y demostrar práctica en la investigación y evaluación cuando ellos se relacionan en el trabajo profesional con los clientes. Responder positivamente ante los problemas relacionados con la ética profesional, confidencialidad, obligación profesional y comunicación privilegiada. Demostrar conocimiento activo adecuado con las estrategias para la intervención con los clientes, individualmente o en grupo. Poseer conocimientos especializados con diferentes poblaciones. Ser flexibles en el uso de las teorías que explican la dinámica de los clientes. Demostrar sólida capacidad para la conceptualización y dirección de casos y situaciones en Orientación.

Competencias para la Comunicación Interpersonal

Por cuanto el trabajo profesional de los orientadores es un trabajo dado en un ambiente de relaciones interpersonales en el cual el medio de interacción es la comunicación verbal, escrita y gestual, el orientador necesita y requiere desarrollar competencias personales para comunicarse con altos niveles de claridad y precisión (Long, 1996). Algunas de las competencias para la comunicación interpersonal son caracterizadas por la demostración, por parte de los orientadores, de las siguientes habilidades, entre otras posibilidades.

A) En forma Verbal, ser capaz de:

Entender y expresarse con claridad en cualquier nivel del lenguaje oral: Coloquial, rural, urbano y profesional. Comunicar información pertinente y precisa acerca de los clientes y sus situaciones y participar en forma apropiada en grupos profesionales de discusión de casos. Educar a los clientes en "qué y como comunicar" con claridad información sobre sí mismos. Comunicarse fluidamente con familiares, otras personas significantes del cliente o los clientes cuando así sea necesario. Así como comunicarse efectivamente con otros recursos de la comunidad en función de los clientes.

B) En forma escrita, ser capaz de:

Escribir en lenguaje profesional preciso las entrevistas iniciales y sucesivas, así como los informes escritos que se elaboren sobre el cliente. Registrar en forma escrita, de acuerdo a las reglas de su centro de práctica o trabajo, notas sobre el progreso de los clientes, planes de intervención descriptivos y demás documentos de seguimiento del trabajo profesional. Preparar informes técnicos escritos de estudios de casos para ser suministrados en referencias y otras instancias si así le es requerido.

C) Mediante el uso del lenguaje del cuerpo, ser capaz de:

Demostrar un estado de comodidad y relajación física en su interacción con el cliente. Desplegar naturalidad y serenidad en los gestos faciales y movilidad física general antes los planteamientos de hechos dolorosos o penosos y expresiones emocionales del cliente. Mantener congruencia entre lo que dice verbalmente al cliente con la postura y expresión corporal al momento de comunicar el mensaje. Flexibilizar o suavizar facciones y demás gestos faciales y demás movimientos corporales al interactuar con el cliente, en especial en situaciones embarazosas del cliente.

Competencias Cognoscitivas

Mentalmente el estudiante de Orientación requiere desarrollar ciertas competencias cognitivas que le permitirán asistir al cliente en forma efectiva y con calidad. Tales competencias se entienden como el conjunto de capacidades de origen mental que le permiten al estudiante comprender, trabajar e interactuar con la globalidad del cliente (Faiver, Eisengart y Colonna, 1995, Neufeldt, 1999). Las competencias son caracterizadas por las siguientes capacidades basadas cognitivamente: Alto nivel de atención y rapidez mental para entender y responder con pertinencia a la información y a la persona del cliente. Alto nivel de concentración para procesar la respuesta profesional específica a la situación del cliente. Capacidad para procesar racionalmente, individualmente y en conjunto los diferentes aspectos y detalles de la situación del cliente. Percibir claramente los detalles relacionados con la dinámica de la relación de Orientación con el cliente. Captar mentalmente los detalles asociados con el género del cliente, su origen cultural y expresión de ideas y emociones en conexión con la situación presentada en la consulta.

Competencias Afectivas

Como la Orientación es una disciplina basada en la dinámica de la naturaleza humana en concordancia con la realidad circundante y emanante de las personas, el orientador requiere de utilizar su propia persona para poder conectarse con la persona de sus clientes, el primer recurso en el trabajo de la Orientación es el Orientador mismo, es decir, su personalidad (Corey y Corey, 1996, George y Cristiani, 1995). Entonces las capacidades y dinámicas afectivas de los estudiantes de Orientación constituyen un elemento crucial en los procesos de formación y supervisión de los orientadores. Las siguientes son algunas de las características que son consideradas como parte de la dimensión afectiva de los orientadores. Estas características al ser percibidas por el profesor, el supervisor y los estudiantes, requieren de ser incorporadas en el plan de formación y de supervisión como elementos de crecimiento y transformación de los estudiantes de Orientación. Entre tales competencias se pueden mencionar las siguientes: Darse cuente de sí mismo, de sus reacciones afectivas y emocionales concomitantes en el trabajo con el cliente, de los pensamientos que se producen en relación con el cliente como persona. Identificar aquellos valores y prejuicios que puedan emerger en sí mismo en la dinámica de la relación de orientación con el cliente. Clarificación de motivaciones y reacciones personales ante la persona del cliente. Revisión de dilemas personales y/o éticos que pueden emerger en la dinámica del trabajo con el cliente. Claridad de los límites personales y autonomía entre el supervisado y el cliente.

Competencias para la Intervención

Según Ivey (1994); Ivey y Bradford (1993); Martín (1983); Doyle (1998); y Young (2001), existen un conjunto de competencias y habilidades técnicas, metodológicas y de procedimientos que se consideran como las más necesarias para una práctica efectiva y saludable de la Orientación. Para los mencionados autores, los educandos deben ser capaces de generar las siguientes conductas profesionales: Atención de las Conductas del Cliente: Contacto visual culturalmente e individualmente apropiado, atención al lenguaje corporal, tonalidades vocales y seguimiento de la expresión verbal. Habilidades para la Escucha Activa Secuencial: Uso de la pregunta abierta y cerrada, captar la totalidad del cliente, estimular al cliente, usar el Parafraseo, la Sumarización y el Reflejo de Sentimientos sobre lo expresado por el cliente. Manejo de Cinco Fases de la Entrevista en Orientación: El orientador debe ser capaz de utilizar las siguientes técnicas y estrategias con sus clientes, 1) Rapport / Estructura, 2) Definición de la causa de la entrevista 3) Definición de la meta, 4) Exploración de alternativas y confrontación de incongruencias, 5) Generalización y transferencia a la vida diaria. Habilidades Intermedias: Confrontación, Focalización y Reflejo de Significados. Habilidades de Influir: Directivas, Consecuencias lógicas, Autoapertura, Interpretación, Uso del Consejo, Suministro de Información, Explicación, Instrucción y Retroalimentación (Feedback). Habilidades Integrativas: Conducción y seguimiento de la(s) teoría(s) que se aplican con el cliente en las cuales patrones de conductas afectivas, emocionales y conductuales emergen en la interacción con el cliente.

La dimensión de Competencias Profesionales Especificas se constituye en una de las más importantes en la formación de los orientadores. Esta dimensión incluye las competencias que son necesarias para hacer la profesión viable y operativa, lo cual facilita el trabajo con los individuos y los grupos en la sociedad. Un reto para los programas que forman orientadores y los profesores que en ellos laboran es desarrollar los medios pedagógicos, instruccionales y las instalaciones necesarias para poder implementar esta dimensión en la formación de los Orientadores. La adquisición de las competencias profesionales especificas es un proceso que depende del desarrollo del individuo como persona y como estudiante (Perry, 1999). De manera que, al incorporar esta dimensión en el plan académico, se necesitará distribuir la formación de estas competencias en forma longitudinal y progresiva en el currículo en concordancia con las características de desarrollo de los estudiantes que ingresan al programa.

VI. COMENTARIOS FINALES

La discusión de las implicaciones que las dimensiones: Personalidad, Identidad Profesional, Ética y Habilidades Profesionales Especificas, tienen para la formación de los profesionales de la Orientación es una aproximación a una visión de la formación que incluye la persona del educando, sus circunstancias y su realidad social. La planificación y diseños de los cursos de formación para orientadores utilizando las dimensiones aquí discutidas facilitarán la tarea de vincular la concepción, misión, y visión de la profesión de Orientación y su práctica con la persona del educando. Esta vinculación fortalecería la tarea de formar un orientador capaz de responder en forma personal y competente a las demandas y retos que la sociedad le presente como profesional del desarrollo y crecimiento humano.

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